Entrar Via

Matrimonio Forzado : La Obsesión del Mafioso Italiano romance Capítulo 10

A la mañana siguiente.

El reloj marcaba las doce del mediodía cuando unos golpes en la puerta me despertaron.

—Señora, ya es hora de levantarse.

Dos mujeres entraron en la habitación. La primera era Elena, la jefa del servicio doméstico. Detrás de ella venía una mujer joven de cabello rubio corto y ojos verdes, probablemente de mi misma edad.

—Buenos días, señora. Ella es Aria, su asistente personal. Yo ayudaré a la señora a bañarse y vestirse.

¿Bañarme?

—¿Qué quiere decir?

—El señor Luca quiere que la señora esté lista en una hora para el desayuno.

—Puedo bañarme sola —dije.

Elena sonrió apenas.

—Lo siento, señora. Son órdenes del señor Luca.

—Luca no necesita decidir cómo me baño.

Elena soltó un suspiro. Intercambió una mirada con Aria y ambas dieron un paso hacia adelante.

—No queremos incomodarla, señora, pero debemos cumplir con nuestro trabajo.

La mano de Aria alcanzó el borde de mi camisón, un camisón negro de satén que no sabía en qué momento había aparecido en el armario. Aparté su mano de un golpe.

—¡No me toques!

—Señora…

—¡He dicho que no!

Pero Elena ya estaba del otro lado. Sus manos, firmes pero suaves, bajaron los tirantes de mi camisón mientras Aria tiraba de la tela desde el frente.

El camisón cayó.

Intenté sujetarlo, pero eran dos contra una. En cuestión de segundos, la prenda terminó en el suelo y yo quedé frente a ellas solo con la ropa interior, sin sostén, porque dormía sin ropa.

Las marcas rojas de mi cuello eran imposibles de ocultar.

Elena tragó saliva antes de apartar la mirada. Aria era más joven y menos capaz de disimular su expresión; sus ojos se abrieron un poco antes de bajar la vista hacia el suelo.

—Vamos, señora. El agua ya está caliente —dijo Elena mientras tomaba mi mano.

Estaba demasiado cansada para seguir resistiéndome… o quizá demasiado avergonzada. Las dejé conducirme hasta el baño, donde una enorme bañera en forma de corazón ya estaba llena de agua tibia y espuma, con pétalos de rosas rojas flotando en la superficie.

El baño era lujoso y espacioso.

Aria frotó mi espalda con una esponja suave. Elena lavó mi cabello con un champú que olía a vainilla y jazmín. Permanecí sentada en el agua caliente, dejándolas hacerlo todo. No tenía sentido resistirme. Ellas solo obedecían órdenes.

Pero cuando Elena llegó a mi cuello y sus dedos rozaron aquellas marcas rojas, me estremecí.

—¿Le duele? —preguntó.

Negué con la cabeza. No era dolor. Era otra cosa. Algo que me hacía querer llorar.

—Puedo peinarme sola —dije.

Elena suspiró.

—El señor Luca…

—No me importa lo que diga el señor Luca.

Después del baño, me secaron con una gran toalla blanca. Aria sacó algo del armario: un vestido corto de color rojo oscuro.

El vestido era demasiado corto, demasiado ajustado y vulgar.

—No. No voy a ponerme eso —dije.

—Fue el señor Luca quien lo eligió.

—No me importa.

Elena volvió a suspirar.

—Señora, cuanto antes obedezca, antes terminará todo esto.

—Váyanse. Puedo vestirme sola.

—Seño…

—¡FUERA!

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Matrimonio Forzado : La Obsesión del Mafioso Italiano