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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 716

—¿Dónde está el vejestorio?

Los subordinados de la Alianza del Cracker parpadearon, con los ojos aún más abiertos al ver al joven que había aparecido de la nada.

«¿Qué demonios?», pensaron.

¿Acaso el líder no esperaba a Fantasma?

¿Fantasma, un viejo de más de cincuenta años con el pelo canoso?

¿Cómo podía ser este muchacho que no aparentaba tener ni veinte años?

—¡¿A quién le hablas así?! —replicó un subordinado, levantando su arma con aire amenazador—. ¡Nuestro líder quiere ver a Fantasma en persona!

—Yo soy Fantasma —respondió Aldana en voz baja y con paciencia, con las manos en los bolsillos.

—¿Tú eres Fantasma? ¡Pues yo soy el papá de Fantasma! —espetó el hombre con la barbilla en alto, sin medir el peligro de sus palabras.

Aldana se quedó sin palabras.

Levantó lentamente los párpados, y la mirada bajo sus largas pestañas se tiñó de un rojo sanguinario.

Al segundo siguiente, sacó las manos de los bolsillos y, en un dos por tres, desarmó las pistolas de los dos tipos que tenía en frente.

Las piezas cayeron al suelo con un estrépito metálico.

*Pum, pum.*

Con el sonido de dos golpes secos, Aldana pateó a los dos hombres al mar.

—¡Ah, auxilio! ¡Socorro!

Mientras los dos chapoteaban en el agua gritando, los demás hombres en la orilla por fin reaccionaron, asombrados por su increíble rapidez.

—Lo diré una última vez: llévenme a ver al líder de la Alianza del Cracker —dijo Aldana, alzando la vista y recorriendo a todos con la mirada.

—Sí, señor.

Los hombres no se atrevieron a demorar más y llamaron a Iván de inmediato.

—Jefe, Fantasma ha llegado —dijo el subordinado por teléfono, mirando el rostro de Aldana y tartamudeando—. Pero... es un hombre joven.

—¿Un hombre joven?

Iván, confundido, se giró hacia Rogelio y le dijo con respeto:

Tras colgar, Rogelio regresó a su asiento y abrió su computadora para revisar las cámaras de seguridad del hotel.

—Jefe, ya llevamos a Fantasma a la otra habitación —le recordó Iván respetuosamente—. ¿Quiere ir a ver a la segunda al mando de Submundo?

—No es necesario —respondió Rogelio con expresión severa, sin apartar la vista de la computadora—. Que Eliseo la vigile. No dejen que se escape.

«¿La segunda al mando?», pensó con desdén. «Seguro es tan escurridiza como Fantasma».

***

En una pequeña habitación, Sombra yacía en el suelo, atada de pies y manos. Tenía heridas en la cara por la pelea que acababa de tener con los hermanos Iván y Eliseo.

—Si van a matarme, háganlo de una vez y déjense de estupideces —dijo Sombra. Llevaba un disfraz sencillo en el rostro, pero su cabello blanco resaltaba de forma llamativa.

—Vaya, sigues con esa actitud, incluso siendo nuestra prisionera —se burló Eliseo, que llevaba una máscara. Con los brazos cruzados, la miraba desde arriba con una sonrisa fría—. Pero no te preocupes, Fantasma ya viene a rescatarte.

«¿Fantasma? ¿Alda viene para acá?», pensó Sombra. «Esa tonta... ¿cómo pudo caer en su trampa por mí?».

Sombra, sabiendo lo que le pasaría a Aldana si venía, empezó a forcejear desesperadamente.

Ella podía morir, pero Submundo no podía perder a Alda.

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