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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 698

«La prueba soy yo. Yo soy la Señorita del Vacío».

Al escuchar las palabras de Aldana, un silencio sepulcral cayó sobre el auditorio. Cientos de ojos se clavaron en su rostro.

«¿Qué demonios?», pensaron todos. «¿Hemos oído bien?».

¿Esa adolescente se atrevía a proclamar, sin la menor vergüenza, que era la Señorita del Vacío?

Ja, ja, ja.

Era el chiste más absurdo que habían oído en todo el siglo.

—¿Eh? —Plácido se ajustó las gafas. Con la boca ligeramente abierta, miraba a Aldana con incredulidad.

¿Aldana decía que era la Señorita del Vacío?

No. Aquello... todo era un caos.

Aunque...

Ahora que lo pensaba, Aldana y su joven maestra sí que se parecían un poco.

¡¿Acaso la muchacha planeaba hacerse pasar por la Señorita del Vacío?!

—¿Dices que eres la Señorita del Vacío? —Los jueces se miraron entre sí y, tras unos segundos, una sonrisa de asombro apareció en sus rostros.

No estaban asombrados porque la Señorita del Vacío hubiera resucitado, sino porque...

¡¿Alguien era tan tonto como para hacerse pasar por la Señorita del Vacío frente a tantos jueces del comité internacional de programación?!

Qué tontos son los de Nuboria.

—¡Puf! —Boris no pudo contenerse y soltó una carcajada.

Uno plagiaba los fundamentos de la Señorita del Vacío y la otra se hacía pasar por ella.

No por nada eran maestro y discípula.

—Sí, soy la Señorita del Vacío —respondió Aldana con calma, de pie en su sitio.

El jurado se quedó perplejo.

Esa respuesta, sin un ápice de vacilación, dejó a los jueces desconcertados.

—La Señorita del Vacío falleció hace tres años —continuó un juez—. La noticia de su muerte fue de dominio público.

Participó bajo la bandera de un «país neutral».

Durante la competencia, vestía de hombre y, además, presentaba sus trabajos desde una sala privada.

De principio a fin, menos de diez personas llegaron a verla.

Después...

La chica avanzó desde la primera hasta la última ronda y ganó el campeonato con una programación impecable.

Lo extraño fue que, al enterarse de su clasificación, se escapó por una ventana sin siquiera recoger su trofeo.

El comité intentó contactarla e invitarla de muchas maneras, pero nunca lograron convencerla.

Luego, se supo que había fallecido.

Esta chica de ahora, según se decía, era una estudiante de primer año de la Universidad de la Capital.

Con la habilidad que tenía la Señorita del Vacío, ¿necesitaría ir a la universidad a estudiar informática?

¡Si ella misma podría darles clases a los jueces del comité de programación!

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