—¡Demon, Demon!
Sintiendo un pellizco en el costado, Feliciano hizo una mueca de dolor y respondió apresuradamente.
—¡Así me gusta!
Satisfecha con la respuesta, Brunilda lo soltó y comenzó a murmurar para sí misma con emoción:
—Este torneo es muy importante para el Equipo Inmortal. Me pregunto si Demon aparecerá.
Feliciano se sentía bastante resignado. Su propia esposa tenía como ídolo a otro hombre.
Y para colmo…
Era un jovencito atractivo.
—He oído que Rogelio tiene novia.
Feliciano, contrariado pero sin poder hacer nada, decidió cambiar de tema:
—Me pregunto qué clase de chica habrá logrado derretir su corazón de hielo.
—Deben de ser rumores.
Brunilda se encogió de hombros, sacó un bocadillo del bolsillo, se lo metió en la boca y comenzó a masticar con interés:
—¿A quién le podría gustar él?
Es mayor, tiene mal carácter y solo piensa en trabajar, trabajar y trabajar…
Excepto por tener dinero y una cara bonita, no tiene ninguna otra cualidad.
¿Fijarse en él?
¡Tendría que estar ciega!
—Supongo que tienes razón.
Feliciano lo pensó y concluyó que su esposa tenía toda la razón.
—Y además…
Brunilda, entrecerrando los ojos, miró a su alrededor a escondidas y bajó la voz:
—En internet corre el rumor de que le gustan los hombres. Quién sabe si no ha buscado a alguien para despistar a los periodistas.
Al oír esto, a Feliciano le dio una punzada en el corazón.
Pero se calmó rápidamente.
En fin.
Cada quien labra su propio destino; si no tenían nietos, disfrutarían ellos mismos de la vida.
—Vamos.
Brunilda, que ya se había convencido de aceptar la realidad, miró al cielo y dijo:
—Aprovechemos que todavía es temprano y vayamos a un bar a tomar algo.
La pareja planeaba esperar a que terminara la final de la WKL para volver a la mansión familiar.
Si regresaban antes…
No solo tendrían que aguantar los sermones de sus padres, sino también los de su hijo.
Ja.
Era como si los papeles se hubieran invertido.
A veces, realmente se preguntaban: ¿quién era el padre aquí?
***
Hacía mucho tiempo que no veía a Sombra.
Era una buena oportunidad para preguntarle sobre la situación de la base y los planes de desarrollo de sus otros negocios.
Pronto, Sombra le envió la dirección a su celular. Era un bar de lujo en el centro de la ciudad.
Un lugar con todo lo necesario para comer, beber y divertirse, conocido como «el paraíso de los ricos».
Para evitar que Rogelio se preocupara, Aldana decidió enviarle un mensaje.
Rogelio: [No te quedes hasta muy tarde. ¿No tienes que ir a ver el torneo mañana?]
Aldana: [Lo sé]
Rogelio: [Diviértete.]
Aldana: [.]
Tras terminar la conversación, Aldana paró un taxi y se dirigió al lugar acordado.
Eran las siete de la tarde.
La gente se movía en la pista de baile, las luces de colores brillaban y la música resonaba a un volumen ensordecedor.
Al bajar del coche, Aldana se puso una gorra y, con la mochila al hombro, se dirigió directamente al reservado.
Su figura alta y su aire distinguido atrajeron la atención de no pocas personas.
Unos minutos después, Aldana llegó al reservado y abrió la puerta.
—Alda, por aquí, por aquí.
Sombra estaba en el sofá, abrazando a un par de chicas guapas, bebiendo y cantando.
—Acabas de cantar, ¿verdad? Esto es un premio para ti —dijo Sombra, agarrando un puñado de billetes de la mesa y metiéndoselos en la mano a una chica de pelo corto.

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