¿La nota máxima? ¿Una estudiante de primer año?
Eso significaba que solo tenía dieciocho años.
El Equipo Inmortal se había fundado hacía dos años, y antes de eso, Demon ya llevaba muchos años jugando.
No podía haber empezado a jugar a los diez años.
Además, y esto era lo más importante.
Era excepcionalmente bueno, su nivel superaba al de muchos de los grandes jugadores profesionales de la época.
Por muy bueno que fuera, era imposible que solo tuviera dieciocho años.
Por otro lado.
Aunque Demon usaba una gorra y un cubrebocas, su forma de vestir y su tono de voz eran masculinos.
—¿Para qué la buscan?
El miembro del personal lo miró con recelo, en alerta máxima.
—No es una persona cualquiera, les sugiero que no intenten acercarse a ella a la ligera.
—No es nada.
RayoX frunció el ceño en su atractivo rostro y sonrió levemente.
—Solo preguntaba por curiosidad.
En realidad, quería agradecerle en persona.
Si no fuera por su advertencia, probablemente habrían perdido la partida de hoy.
La próxima semana era la final.
Cuando terminara el torneo, irían a buscarla personalmente para darle las gracias.
—
En la entrada del estadio.
Mientras Aldana esperaba que un miembro del personal le trajera su moto eléctrica, su teléfono sonó de repente.
—¡Alda!
La voz escandalosa de Sombra le taladró los oídos.
Aldana se quedó sin palabras.
Con fastidio, apartó el teléfono de su oreja y dijo a regañadientes:
—¿De qué te sirve que me muera de un susto?
—Lo siento, fue un accidente. —Sombra todavía estaba sujeta por un arnés, a decenas de metros de altura—. Estoy a punto de hacer bungee, hay mucho viento y tenía miedo de que no me oyeras.
Aldana se quedó muda.
Frunció el ceño de nuevo y dijo con paciencia:
Sombra se rio mientras hablaba.
—Alda, al laboratorio de la base le falta dinero últimamente, ¿qué tal si acepto su oferta?
»Cuando reciba el dinero, te presentas frente a ese viejo, revelas tu identidad y le das una sorpresa.
»Nosotros nos quedamos con el dinero y Rogelio se pone contento. Matamos dos pájaros de un tiro, es un plan perfecto.
Aldana no dijo nada.
Solo podía pensar en la frase de Sombra: «para hacer feliz a su prometida».
¿En qué momento le había hecho pensar a Rogelio que era fan de Demon?
Ese hombre…
Si ella dijera que le gustaban las estrellas del cielo, ¿acaso podría bajárselas?
—¿Alda? ¿Alda, me oyes? —la apuró Sombra, confundida—. No finjas que no me oyes para ahorrarle dinero a tu hombre, ¿o sí?
—Ajá.
Aldana esbozó una sonrisa y respondió con calma:
—La señal está mala, no te oigo, voy a colgar.
Sombra se quedó perpleja.

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