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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 602

—Te sugiero que vayas al hospital a que te revisen los oídos. Parece que estás un poco sordo y no entiendes cuando te hablan.

—Aldana, ¿qué acabas de decir?

Boris, con el cuello rígido, no podía creer lo que oía. ¿Acaso esa mocosa estaba insinuando que no era una persona?

—Por lo visto, tu problema de oído no es leve. Deberías ir al hospital cuanto antes, no dejes que empeore.

Aldana levantó la vista y lo miró fijamente con un aire significativo, su actitud era cortés pero sincera.

Boris se puso lívido de la rabia, con los labios temblorosos y sin poder articular palabra.

—Hasta luego, profesor.

Aldana le hizo una reverencia a Boris y, con el pastel en la mano, se dirigió campante hacia la oficina de Plácido.

Casualmente, se lo encontró a mitad de camino.

—Plácido, buenos días. —Aldana le entregó el pastel y esbozó una sonrisa—. Ponlo en el refrigerador, si no se va a derretir.

—¡Ah, sí, sí, sí!

Plácido miró a Aldana y luego a Boris, que estaba a poca distancia con cara de pocos amigos, y entendió todo. Parecía que las amenazas y los sobornos de Boris no habían funcionado con esta chica.

Plácido se llevó una mano al pecho y soltó un suspiro de alivio. Aunque la chica era joven, tenía un talento excepcional para la informática. Con un poco de formación, se convertiría en un genio en el futuro. Anoche no había podido dormir de la preocupación, temiendo que se fuera con un tipo como Boris. Por suerte, no había sido así.

—Vamos, vamos, ayúdame a revisar unos datos. —Plácido, con una sonrisa radiante, la guio hacia adentro.

Ni siquiera cuando su figura desapareció, Aldana volteó a ver a Boris. Él seguía de pie en el mismo lugar, pálido como si le hubieran drenado toda la sangre. Sus hundidos ojos triangulares miraban con odio en la dirección en que se habían ido el profesor y su alumna. «¿Esa mocosa se atreve a despreciarme?», pensó. En sus décadas de vida, nunca había sufrido una humillación tan grande. «Perfecto. ¿Así que se burla de mí, eh? ¡Ya se arrepentirá de la decisión que tomó hoy!», se juró.

—¿De verdad? —Plácido frunció el ceño, mirándola con una mezcla de duda y asombro.

—Sí. —Aldana asintió sin una pizca de nerviosismo—. Aunque las memoricé, no estoy muy familiarizada con ellas, necesito reforzar mi memoria.

Plácido la observó, sumido en sus pensamientos. Sentía que algo no cuadraba. Tal vez era por las noches en vela que su cerebro no estaba funcionando del todo bien.

—Oye… —Aldana se sintió un poco culpable bajo su mirada, así que tosió a propósito para cambiar de tema—: Las inscripciones para el Campeonato Mundial de Programación están abiertas. ¿No piensas participar?

El Campeonato Mundial de Programación reunía a los mejores expertos en informática de todo el mundo. El país de Nuboria tenía dos plazas. Plácido tenía el talento no solo para participar, sino incluso para ganar.

—Bah. —Al mencionar eso, a Plácido le zumbó la cabeza y dijo con un toque de desilusión—: Tengo muchas cosas que hacer, no tengo tiempo para eso.

Pero la razón más importante era que para conseguir una plaza, primero había que competir a nivel nacional. No era que no lo hubiera intentado antes. Por muy bueno que fuera su programa, al final siempre perdía. Porque la mayoría de los jueces eran conocidos de Boris. Y él y Boris nunca se habían llevado bien.

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