[Lo siento, no me interesa]
Aldana echó un vistazo rápido al mensaje y respondió con esas pocas palabras.
Primero: realmente no le interesaba.
Segundo: no estaba segura de que un instructor de alto rango pudiera enseñarle algo.
Tercero: ...
Era una persona con una orden de persecución emitida por la Escuela de Cazadores, ¿volver allí no sería como entregarse en bandeja de plata?
Temiendo que insistiera, Aldana bloqueó el número directamente.
Al ver que el mensaje no se enviaba, Gilda se sorprendió por un momento, pero pronto una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
«Este carácter es muy parecido al de mi hermanita».
Al segundo siguiente.
El teléfono de Gilda sonó. Era una llamada de uno de sus subordinados.
—Gilda, Leonardo llega a la Capital mañana por la noche.
—Entendido.
Respondió Gilda en voz baja, con la mirada perdida en la distancia y un torbellino de emociones en su interior.
Pronto sabría si Aldi era o no su hermanita.
«Ah».
«Y también está Leonardo».
«Este... hermano que me endosaron, tan poco fiable».
***
Después de la ceremonia de inauguración.
El rector llamó a Aldana a su oficina.
Pensó que la iban a regañar por el incidente con el discurso.
Pero para su sorpresa...
Al abrir la puerta, dentro no solo estaba el rector, sino también Rogelio.
—Rector, ¿quería verme?
Aldana pasó la mirada por el rostro de Rogelio y habló con serenidad.
—Adelante.
El rector le hizo un gesto con la mano y le dijo con una sonrisa.
—Ah.
Aldana entró en la oficina y se sentó en la silla junto a Rogelio.
La audiencia estaba confundida.
El rector se asustó tanto que su sonrisa se congeló en el acto, y la reprendió apresuradamente.
—¿Cómo te sientas ahí?
Ni él mismo se atrevía a sentarse junto a Rogelio. Esta estudiante sí que era audaz.
—¿Entonces dónde me siento? —Aldana se levantó instintivamente y posó su mirada en el asiento de Rogelio.
No sería que...
El rector miró a Rogelio y luego a Aldana.
Hay tanta diferencia entre ellos, el señor Lucero no sería capaz de hacer algo tan depravado... ¿o sí?
—Ejem...
Al ver que el rector lo miraba fijamente, Rogelio tosió ligeramente y, recuperando la compostura, explicó:
—El hermano de Aldana Carrillo y yo somos amigos desde hace muchos años.
—Ah, conque era eso...
El rector suspiró aliviado y una sonrisa radiante apareció en su rostro.
—Con razón se llevan tan bien, ya se conocían.
La hermana de un amigo...
«Pensándolo bien, es como si fuera la hermana del señor Lucero».
Por poco se imagina cosas que no son.
Parecía que...
La relación entre ambos era bastante buena, al punto de donar edificios de decenas de millones sin pensarlo dos veces.
—Aldana Carrillo es una estudiante excelente, no solo sus notas son sobresalientes, sino que también...
El rector, que sabía cómo agradar, al notar el trato especial de Rogelio hacia Aldana, empezó a halagarla descaradamente.
Al escuchar su parloteo incesante, Aldana frunció ligeramente el ceño.

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