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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 566

En el dormitorio.

Aldana dejó su bolso en una silla y se dirigió a Jacinta.

—Les traje algo de comer.

—¡Guau!

Jacinta abrió el bolso y encontró dos cajas de sushi y dos de empanadas.

Se veían tan deliciosas como bien presentadas.

Las cuatro compañeras de cuarto llevaban días antojadas de algo así desde que empezaron las clases.

—Gracias, Aldana.

Las tres, sosteniendo la comida, se sintieron conmovidas al probar por fin un sabor familiar.

—De nada.

Aldana sonrió con una ceja arqueada mientras bebía de su vaso de agua.

—La ceremonia de inauguración está por comenzar, el resto lo comemos cuando volvamos.

—De acuerdo —asintió Aldana.

Justo cuando terminaba de hablar, su teléfono sonó.

—Aldana, ¿ya llegaste a la universidad? —preguntó con voz amable el encargado de su discurso—. Tu participación como representante de los nuevos estudiantes es de las primeras, no vayas a llegar tarde.

—Sí —respondió Aldana en voz baja—. Voy para allá ahora mismo.

Terminó la llamada.

Aldana sacó el discurso de su bolso y las cuatro se dirigieron juntas al patio principal.

—Qué discurso tan largo.

Jacinta, que sostenía el discurso por Aldana, lo miró una y otra vez.

—Está escrito de una manera muy rebuscada, y es demasiado largo.

—Totalmente, ni leyéndolo podría pronunciarlo bien. Menos mal que no hay que memorizarlo.

—Aldana, no te pongas nerviosa, estaremos abajo animándote.

¿Nerviosa?

Aldana, que estaba chateando con Rogelio en su teléfono, giró la cabeza instintivamente al oír eso y esbozó una sonrisa educada.

—Claro.

Cuando estaban llegando al patio, su tutor la detuvo de repente.

—Aldana, ven a mi oficina un momento.

—Aldana, ve rápido, nosotras te guardamos el discurso —dijo Jacinta con entusiasmo.

—Muchas gracias.

Rápidamente, lo hizo una bola y lo arrojó a un bote de basura cercano.

Actuó con tal rapidez que, de principio a fin, ni Jacinta ni las otras dos se dieron cuenta, y siguieron esperando alegremente el regreso de Aldana.

***

La ceremonia de inauguración estaba a punto de comenzar.

Aldana regresó de prisa, tomó su discurso y fue directamente detrás del escenario.

Apenas llegó, el personal comenzó a repasar el programa con ella.

Lo que más le recordaron fue que no se pusiera nerviosa.

Mientras tanto.

El presentador ya había comenzado a nombrar a los invitados presentes.

Cuando mencionó a algunas de las autoridades, hubo aplausos, pero eran débiles y por puro compromiso.

Hasta que...

—Hola a todos, soy Rogelio Lucero —dijo Rogelio poniéndose de pie, con una leve sonrisa en los labios, y pronunció unas breves palabras de cortesía.

—¡Plas, plas, plas!

Un estruendo de aplausos y gritos resonó, y el ambiente se encendió al instante.

—¡Aaaah, qué guapo! ¡Esas piernas son más largas que mi vida entera!

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