—Hazle este favor a tu profesora, por favor.
La tutora, casi suplicando, le dijo en voz baja:
—Seguro que Rogelio quiere conocer a la estudiante que ha sacado la máxima puntuación en todo, por eso ha decidido venir.
—Si no aceptas, no sé cómo voy a explicárselo a los directivos.
—¿Qué tal si… te invito a comer?
—De acuerdo.
Aldana hizo una pausa de dos segundos y luego aceptó.
—Usted escribe el discurso.
—Claro, claro.
La tutora finalmente respiró aliviada. Si hubiera sabido que con una invitación a comer se solucionaba todo, no habría gastado tanta saliva.
—Te enviaré el discurso por la noche, solo tienes que familiarizarte con él para poder leerlo.
—Bien.
Aldana asintió obedientemente, se despidió de la profesora y sacó su móvil para enviarle un mensaje a Rogelio:
[¿Vas a ir a la ceremonia de apertura de la Universidad de la Capital?]
Rogelio: [Es la única oportunidad que tengo de estar a tu lado a la vista de todos, ¿cómo no la voy a aprovechar?]
«¿Se está quejando?».
Aldana: [Pórtate bien y en el futuro habrá más oportunidades para estar juntos a la vista de todos]
Rogelio se rio.
Rogelio: [De acuerdo, me esforzaré]
Aunque ya eran novios, pensándolo bien, parecía que no lo eran del todo.
Daba la impresión de que la chica todavía lo estaba poniendo a prueba.
«¡Qué cautelosa!».
Rogelio: [Prepara tu equipaje, Willy irá a buscarte.]
«¿Willy?».
Aldana chasqueó la lengua, pensando en lo natural que le salía a él llamarlo así.
Aldana: [Ok]
Terminó la conversación.
Mientras se dirigía al dormitorio, de repente se topó con una figura familiar.
«¿Lucrecia?».
Aldana no podía entenderlo. Lucrecia era como un fantasma que no la dejaba en paz, se la encontraba en todas partes.
—Aldana —Lucrecia se detuvo frente a ella, con una sonrisa de suficiencia en el rostro—. ¿He oído que tienes novio?
«¿Novio?».
—¿Te largas por tu cuenta o te ayudo yo?
Aldana no tenía ganas de perder el tiempo con ella y se acercó gradualmente con el ladrillo en la mano.
—Si te ayudo yo, tu destino final podría ser el cementerio.
Al ver que Aldana no bromeaba, Lucrecia se dio la vuelta y se fue de inmediato.
Aldana tiró el ladrillo al suelo, miró al cielo y respiró hondo un par de veces.
«Hasta una piedra tiene más cerebro, pero Lucrecia no».
«¿De verdad es familia del abuelo?».
***
Lucrecia corrió un buen trecho.
Cuando se aseguró de que Aldana no la seguía, respiró aliviada.
Su reacción confirmaba sus sospechas.
El novio de Aldana era, en efecto, un impresentable, nada comparable con el de Silvi.
Por fin había algo en lo que podía superarla.
Además...
El lunes, ella sería la representante de los nuevos estudiantes y brillaría ante toda la escuela.

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