¿Hacer trampa?
¿Repetir la competencia?
Al oír las palabras de los estudiantes de la clase de animación, el instructor encargado de registrar los resultados frunció el ceño.
Él mismo había inspeccionado el arma de Aldana antes de la competencia oficial.
Aunque la había vuelto a ensamblar, solo había ajustado la precisión.
El tiro era una habilidad técnica; si se pudieran alterar los resultados con un instrumento, ¿no sería un caos?
—Sí, exigimos repetir la competencia.
La recompensa de las vacaciones se les había esfumado, y los estudiantes de la clase de animación estaban indignados. Sus gritos se hacían cada vez más fuertes.
—¿No les da la talla y por eso juegan sucio?
—Todo el mundo vio que falló el primer tiro, es obvio que no tiene nivel. ¿Y después de ajustar el arma, saca dieces consecutivos? ¡Quién se lo va a creer!
—Aldana eligió desde el principio un arma reensamblada. Esa arma seguro tiene algo raro.
—Si es tan buena, ¿por qué no la eligieron para competir desde el principio?
—Seguro que fue el instructor de la vigesimosegunda compañía, que tenía miedo de perder y hacer el ridículo, por eso hizo que Aldana montara este numerito.
—¡Repetir la competencia, repetir la competencia!
Con el alboroto que armó la clase de animación, las compañías que quedaron en segundo y tercer lugar también se unieron a los gritos, y el lugar se convirtió en un caos.
***
En el edificio de oficinas.
Un subordinado, con unos binoculares en la mano, no perdía detalle de la escena.
Como el ruido era tan fuerte, se oía todo con claridad.
Todos cuestionaban que Aldana hubiera quedado en primer lugar, convencidos de que era incapaz de sacar un diez.
—Tsk, tsk, tsk.
El subordinado negó con la cabeza, con una expresión de impotencia en el rostro. No sabía qué decir.
—Si no pueden ganar, difaman. Estos estudiantes no tienen remedio.
Gilda no apartaba la vista del rostro de la joven, esperando ver cómo reaccionaría.
—Está bien.
En ese momento, se oyó la voz de Aldana.
«¿Que ella pierda?».
A Aldana le hizo gracia la pregunta. Le lanzó el arma modificada al chico y arqueó las cejas.
—Si ganas, haré lo que me pidas.
El chico, sorprendido por el arma que le lanzaron, retrocedió varios pasos y casi pierde el equilibrio.
—Ustedes tampoco están conformes, ¿verdad? —dijo Aldana, mirando a los que habían quedado en segundo y tercer lugar y que se habían unido a los gritos antes—. ¿Qué tal, aceptan el reto?
Los de la segunda y tercera compañía se miraron, pero nadie dijo nada.
«Incluso si repetimos, nuestros resultados no superarán al primer lugar. Y si perdemos… tendremos que gritar «¡Me equivoqué!» con un megáfono».
Para ellos, esto no tenía ningún beneficio y sí muchos riesgos. ¿Para qué participar? Solo habían gritado por seguir la corriente.
—No perdamos el tiempo, empecemos ya.
Aldana se acercó y le extendió la mano al chico, articulando una palabra sin sonido: «El arma».
«Cuanto antes termine esto, antes podré mandarlo a comprar café. Llevo días sin tomar. Me muero de ganas».
El chico miró a Aldana y, tras unos segundos de silencio, se dio la vuelta para ir a por su arma.

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