¿Qué estaba pasando?
Aldana, que había subido al campo llena de confianza, proclamando que se llevaría el primer puesto…
¡¿Y falla el primer tiro?!
Los compañeros de la Compañía 22 se quedaron boquiabiertos, con una mezcla de sentimientos indescriptible.
Habían creído ver una esperanza, pero resultó ser una desilusión.
Los miembros de las otras compañías empezaron a cuchichear entre ellos.
Incluso la compañía que iba en primer lugar gritó con arrogancia que bajaran a Aldana para no perder más tiempo.
—Ja.
Al ver esto, una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Damasco.
La seguridad que ella había mostrado antes lo había intimidado un poco, haciéndole pensar que era alguien realmente formidable.
Pero al final, resultó ser peor que Lucrecia.
«Qué ridícula. ¿No dijo que si perdía se iría de la Universidad de la Capital? ¡A ver qué excusa pone ahora!», pensó.
***
En el edificio de oficinas…
—Vaya…
Al ver que Aldana había fallado el primer tiro, la sonrisa del subordinado se congeló en su rostro, y casi se le cae la mandíbula al suelo.
¿Qué había pasado?
La había visto cargar el arma con tanta fluidez que había pensado que era una experta.
—Qué lástima —dijo, negando con la cabeza y suspirando—. Rompió el récord en la carrera de obstáculos, pensé que también destacaría en el tiro.
—Ese fallo fue a propósito.
Gilda, sosteniendo los binoculares, esbozó una ligera sonrisa. Su voz denotaba cierta admiración.
—¿A propósito? —preguntó el subordinado, confundido—. ¿Quiere decir que lo hizo a posta?
—Exacto.
Y dicho y hecho, justo cuando Gilda terminó de hablar, vio cómo Aldana desmontaba el arma y la volvía a ensamblar.
—Este tipo de armas solo se usan en campos de tiro o para exhibiciones, su precisión no es muy alta —explicó Gilda con calma—. La desmontó y la volvió a armar solo para que le resultara más cómoda de usar.
Esa chica era realmente extraordinaria.
***
—¿Qué está haciendo Aldana?
Al ver el comportamiento extraño de Aldana, los estudiantes a su alrededor comenzaron a murmurar.
Cuando el instructor anunció la puntuación, las cabezas gachas de la Compañía 22 volvieron a levantarse.
—¿Cuánto? ¿Cuánto ha sacado Aldana?
—Diez puntos.
—¿El primer tiro fallido y el segundo un diez? ¿Del infierno al cielo en un segundo?
—Qué diferencia tan grande. ¡Seguro fue un golpe de suerte!
Al oír la puntuación, la sonrisa de Damasco se fue borrando de su rostro.
¿Cómo era posible que Aldana hubiera sacado diez puntos?
Ni siquiera un soldado con años de entrenamiento podría acertar siempre en el centro de la diana.
«¿Habrá sido suerte?», se preguntó.
*¡Bang!*.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, sonó el tercer disparo.
Diez puntos.
También en el centro de la diana.
—¡Ha pasado a la tercera ronda! —exclamó Jacinta, feliz—. Aunque falló el primer tiro, los dos siguientes suman veinte puntos, lo que la coloca en el quinto puesto de la segunda ronda.

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