Rogelio, Leonardo y los demás se quedaron callados.
La identidad de «hermana del actor famoso» ya era suficientemente problemática para Aldana. Si a eso se le sumaba la de «prometida del heredero del Grupo Lucero»…
No tendría ni un momento de paz en la universidad durante los próximos cuatro años.
En cuanto a Félix y Wilfredo…
Simplemente, como su hermana aún no había revelado públicamente su parentesco, acompañarla solo causaría problemas innecesarios.
Tenían el derecho de acompañarla, pero no se atrevían a hacerlo.
Así que los cuatro solo pudieron observar, con impotencia y resignación, cómo la joven se alejaba.
Tan pronto como cruzó la puerta de la universidad, atrajo la atención de todos a su alrededor.
—¿Esa es Aldana, la que sacó la máxima puntuación este año? —comenzaron a cuchichear las chicas a su lado—. Dios mío, ¿cómo puede ser tan guapa?
Su rostro era aún más hermoso que en las fotos de internet.
Y lo más importante, no llevaba maquillaje.
Belleza natural.
Estaba claro que la reina de la belleza de este año ya tenía dueña.
—Máxima puntuación, guapísima y encima su hermano es el actor más querido del país… —suspiró una de las nuevas estudiantes—. ¿Qué ventana le cerró Dios a esta chica?
—Me encantaría pedirle un autógrafo de Leonardo Valencia —dijo una chica, y aunque dudó en acercarse, finalmente se echó para atrás—. Mejor no, tiene un aura tan imponente que no me atrevo.
—¡Aldana!
De repente, varios chicos aparecieron corriendo de todas partes.
—Tú eres Aldana Carrillo, ¿verdad?
El chico que iba a la cabeza le explicó con entusiasmo todo sobre la Universidad de la Capital:
—Te hemos estado esperando. La residencia está por aquí.
—Tómate un café helado.
Otro chico se colocó a la derecha de Aldana, mirándola fijamente con una sonrisa que no le cabía en la cara:
—Tranquila, es semidulce, no te hará engordar.
—Siéntate y descansa, yo me encargo de hacer el papeleo de la inscripción.
—¡Yo lo hago!
—¡Yo!
—¡Yo!
Varios chicos empezaron a competir entre ellos, tan emocionados que casi llegaban a las manos.
Rogelio también la estaba mirando, pero su expresión no era precisamente alegre.
«Vaya».
«¿Está celoso?».
—De acuerdo.
Aldana dejó la maleta que llevaba en el suelo y arqueó una ceja.
—¿Quieren ayudar? Adelante.
Dentro de la maleta llevaba cosas para el laboratorio de Félix.
No era muy grande, pero era extremadamente pesada.
Pesaba una barbaridad. Un chico con el pelo rapado se adelantó, dispuesto a lucirse delante de la belleza del momento.
—¿Aldana Carrillo solo trae una maleta? —dijo con aire despreocupado mientras se agachaba para cogerla—. Estas cosas es mejor dejárselas a los hombres.
En cuanto terminó de hablar, se quedó paralizado.
«Un momento».
«¿No he podido levantarla?».
—Se me ha resbalado —se excusó el chico, y lo intentó de nuevo.

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