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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 486

Después de un viaje de más de diez horas, Aldana sentía la espalda y la cintura doloridas, estaba casi entumecida y demasiado cansada para moverse.

Al final, fue Rogelio quien la llevó en brazos hasta el auto.

En el camino de regreso, Aldana abrió su teléfono, que no paraba de sonar.

En el grupo que compartía con Galileo y los demás, se habían acumulado más de mil mensajes.

Aldana no se molestó en leerlos todos; con ver los últimos mensajes podía hacerse una idea general.

Los resultados de los exámenes se publicarían oficialmente esa noche.

¿Ya había pasado casi medio mes? El tiempo volaba.

No faltaban muchos días para el cumpleaños de Rogelio, ¿verdad?

[Galileo: Familia, no saben lo que me espera. Mi papá preparó dos cosas según mis resultados.]

[¿???]

Inés, Elena y Tania respondieron con signos de interrogación.

[Galileo: Unas llaves de auto nuevas y un palo más grueso que mi brazo.]

Si le iba bien, le darían las llaves del auto; si le iba mal... su padre era perfectamente capaz de romperle las piernas.

[Galileo: ¡Qué agonía! ¿Por qué faltan todavía dos horas?]

[Elena: ¡Deja de gritar! No estaba nerviosa, ¡pero con tus sustos ya lo estoy!]

Tania e Inés no se atrevieron a decir nada, solo actualizaban la pantalla en silencio, temiendo que, como la vez anterior, la plataforma para consultar las notas se abriera antes de tiempo.

[Galileo: ¿Y mi Alda? Parece que no le preocupan nada sus notas.]

[Inés: ?]

[Elena: ?]

[Tania: ?]

¿Acaso las notas eran un problema para una genio? ¡Las que debían preocuparse eran las universidades prestigiosas! ¡Se preguntarían qué universidad elegiría Aldana!

Después de leer un rato los mensajes, Aldana dejó el teléfono a un lado y se apoyó por costumbre en el regazo de Rogelio.

—Duerme.

El hombre la cubrió suavemente con una manta, observando con ternura a la chica que dormía plácidamente.

Aunque, a decir verdad, sentía mucha curiosidad por saber qué nota había sacado.

Al llegar a casa, Aldana se tiró en la cama y se quedó dormida al instante.

Rogelio miró la hora: faltaba menos de media hora para poder consultar las notas.

[Bueno, da igual. Puede verlas mañana cuando se despierte].

***

Tuvo una noche de sueño reparador.

Cuando Aldana se despertó, ya eran las diez de la mañana.

[Galileo: Me refería a descansar, ¿en qué cosas sucias estás pensando?]

Las mejillas de Elena se sonrojaron un poco.

[Inés: Prima, ¿qué tal te fue?]

[Aldana: Aún no lo he mirado, lo haré después de desayunar.]

[¿Aún no lo ha mirado?].

Los cuatro, al ver ese mensaje, levantaron el pulgar en señal de admiración. Tan tranquila como siempre, nuestra Alda.

—Señorita Carrillo, buenos días. —Cuando Aldana bajó al salón, Eva la saludó con una sonrisa radiante—. El desayuno todavía está caliente.

—Eva, ve a ocuparte de tus cosas, yo me encargo de esto.

Rogelio no había ido a la empresa. Dejó su computadora, se levantó y se sentó frente a Aldana.

Después de sentarse, le peló un huevo con calma y le preguntó en voz baja:

—¿No vas a mirar tu nota?

—Sí. —Aldana tomó el huevo, le dio un gran mordisco y respondió con la boca llena—: Olvidé dónde puse el comprobante de inscripción, tengo que buscarlo.

Tenía demasiada hambre. Necesitaba llenar el estómago antes de poder hacer cualquier otra cosa.

—De acuerdo. —Rogelio sonrió levemente, sin presionarla. Le sirvió un tazón de sopa y lo colocó a su lado—. ¿Ya has pensado en qué universidad quieres estudiar?

—Cualquiera me vale. —Aldana bebió la sopa con un tono muy despreocupado—. A la que llame primero, a esa iré.

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