—Si resulta ser niña, te daré un buen regalo.
Rogelio ya empezaba a imaginar cuántas cosas hermosas le compraría a su princesita.
—¡Qué amable, gracias, señor Lucero! —Jacinta sonrió con alegría, pero luego soltó entre risas—: Aunque solo lo comentaba, quién sabe si sea cierto.
—La verdad, tener un niño también sería maravilloso, ¿no cree?
El señor Lucero guardó silencio; la sonrisa se le borró al instante y su expresión se tornó seria.
Jacinta sintió de inmediato la pesada atmósfera y, riendo nerviosamente, miró a Aldana y añadió incómoda: —¿Verdad, profesora Carrillo?
El silencio de ese hombre le daba escalofríos.
«¡Ayúdeme, profesora!»
«¡Su esposo cambia de humor más rápido que el clima!»
—Tienes razón —Aldana asintió ligeramente y dijo—: Ve a hacer tus pendientes, nosotros también tenemos que irnos.
—Sí, está bien.
Jacinta, sin atreverse a quedarse un segundo más, abrió la puerta y salió corriendo.
«Pero si no dije nada malo, ¿o sí?»
«¿No me digan que el señor Lucero prefiere una niña sobre un niño?»
***
Al salir de la universidad.
Como les tocaba cita médica, Rogelio condujo rumbo al hospital.
—¿Qué pasa? Si resulta ser niño, ¿piensas tirarlo a la basura?
Aldana, sentada de copiloto, llevaba el cinturón de seguridad abrochado por debajo del vientre.
Ella era de complexión alta y delgada, y el bebé estaba absorbiendo muy bien los nutrientes.
Así que su panza de cinco meses ya parecía una pequeña sandía.
—Por supuesto que no.
Rogelio sonrió, acarició su vientre y le habló con tono tierno: —Papá no quiso decir eso, ¿verdad que me entiendes?
—Hmp.
Aldana le apartó la mano y replicó malhumorada: —Piensa un poco en lo que haces.
Rogelio se limitó a sonreír en silencio y se concentró en conducir.
¿Quién no querría una niña tierna, dulce y preciosa?
En el hospital.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector