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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 94

Madre e hija bajaron las escaleras tomadas de la mano, luciendo como si estuvieran modelando en una pasarela.

—Adiós, nos vemos al mediodía...

El Maybach salió de la Mansión de la Colina. La molestia de Vicente era evidente a simple vista.

Creyendo que solo estaba frustrado por lo de la noche anterior y que buscaba pelea a propósito, Clara lo ignoró, sacó su celular y le envió un mensaje a Teresa.

[¡Amiga hermosa, espero que te vaya increíble en tu primer día de trabajo!]

Teresa le respondió diciendo que estaba nerviosísima y que no sabía si el jefe del departamento legal era alguien tratable.

Con una sola respuesta, Clara logró que Teresa se olvidara de los nervios.

[¿Y a ti cómo te fue con tu renuncia en el bufete? ¿Todo bien?]

¡Bien!

¡Súper bien!

Su exsocia creyó que se estaba rindiendo. Le soltó indirectas súper venenosas de despedida, como insinuando que la próxima vez que se vieran, una sería la jefa del bufete y la otra una simple ama de casa amargada.

[Encima se hizo la hipócrita diciéndome que si alguna vez tenía problemas, la buscara. Y yo le dije: Ay, no creo, estaré súper ocupada manejando fusiones multimillonarias en el Grupo Velasco, ¡no tendré tiempo para preocuparme por los chismes de tu pequeña oficinita!]

[¡Se puso verde del coraje! Jajajajaja...]

Clara sonrió de oreja a oreja.

Bajo la brillante luz del sol, sus ojos se entrecerraron con alegría, viéndose tan radiante que casi deslumbraba.

¡Screeech!

Vicente se distrajo un segundo, y cuando levantó la vista, el semáforo ya estaba en rojo.

Frenó de golpe.

Clara se fue hacia adelante por la inercia.

Cuando volvió a acomodarse en su asiento, escuchó a Vicente decir:

—Clara, olvidé mi identificación. Y tampoco traje nuestra acta de matrimonio...

Clara curvó los labios en una sonrisa, dándole unas palmaditas a su bolso pequeño.

—¡Cuando Julián trajo tu ropa esta mañana, le pedí que trajera todo eso también!

El auto arrancó de nuevo, pero el ambiente adentro se volvió denso.

Un aura helada invadió el coche hasta que se estacionaron.

Clara miró a ambos lados, asegurándose de sacar sus gafas de sol del bolso y ponérselas.

Se desabrochó el cinturón y empujó la puerta.

Justo cuando iba a bajar, Vicente la tomó por la muñeca.

—Clara...

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