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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 80

—¿Qué es?

Clara no entendía de qué le estaba hablando.

Una sombra oscureció su visión cuando Teresa le plantó la pantalla del celular justo enfrente de los ojos.

Le bastó un solo vistazo.

Clara se quedó con la boca abierta.

¡Vaya, qué intenso!

De fondo, el salón principal de un templo envuelto en humo, con muros imponentes, tejados oscuros y columnas talladas con detalles impresionantes.

Frente a las puertas del salón, estaba Vicente, vestido con camisa y pantalones negros, alto, con piernas largas y una expresión fría que lo hacía parecer un ser inalcanzable.

En los brazos de ese hombre descansaba una mujer vestida de blanco, cuyo largo cabello oscuro caía hacia el suelo.

A ambos lados de la puerta, guardaespaldas vestidos de negro sostenían grandes paraguas oscuros.

Era la clásica escena del hombre poderoso con su frágil y delicada amada.

La foto había sido tomada desde un ángulo bajo.

Eso hacía que las proporciones perfectas de Vicente se vieran aún más imponentes, destacando sus largas piernas.

En sus brazos, Paulina, con los ojos cerrados, se veía etérea y hermosa, casi como Blancanieves.

El clásico contraste entre blanco y negro se elevaba de nivel gracias a la innegable belleza y presencia que ambos irradiaban.

A simple vista.

¡Tensión absoluta!

Una pareja invencible.

Si Clara no supiera que el hombre era Vicente, le habría dado un aplauso al fotógrafo y le habría preguntado por sus servicios.

—No sé si sea de alguna producción de cine grabando exteriores. Vi que en internet ya están escarbando a ver quiénes son, pero todavía no logran dar con sus identidades... —Teresa le metió un trozo de fruta en la boca a Clara, chasqueando la lengua con admiración—. ¡Las piernas de ese hombre son más largas que mis aspiraciones profesionales! ¡No sabía que teníamos hombres tan atractivos en la farándula!

Sin importar si era una sesión fotográfica o una foto tomada a escondidas, con la cara de Vicente expuesta así, ese misterio no duraría mucho tiempo sin ser resuelto.

El público normal quizás no lograría identificarlo.

Pero Teresa...

Clara apartó la semilla de la fruta y se rio.

—No te preocupes, ¡muy pronto sabrás quién es!

—¡Que tus palabras se hagan realidad!

Teresa sonrió de oreja a oreja.

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