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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 64

Selena caminó a paso rápido hasta la salida del callejón. Apretaba las llaves de su auto con tanta fuerza que tenía la palma de la mano entumecida.

Le puso seguro a las puertas de inmediato y dejó que el aire acondicionado helado la envolviera.

Soltó un largo suspiro, miró por última vez ese callejón podrido y miserable, y su mirada se volvió de hielo.

En la cafetería.

Teresa estudiaba a Clara de arriba abajo con profunda desconfianza.

—¿Estás completamente segura de que te vas a divorciar?

—Completamente —asintió Clara.

Teresa esbozó una sonrisa pícara.

—Pues con esa cara tan radiante que traes, no parece que te vayas a divorciar, parece que... ¡estás viviendo una segunda juventud!

Y al darse cuenta de lo que había dicho, Teresa bajó la voz, mirándola con alerta.

—No me digas que ya tienes un nuevo amor.

¿Amor?

Clara adoptó una expresión de misterio absoluto.

—Se podría decir que sí.

Teresa abrió los ojos como platos.

Clara sonrió, cerrando los ojos en forma de medialuna.

—Estoy perdidamente enamorada... de mi cuenta bancaria. ¿Eso cuenta?

—... —Los ojos de Teresa se abrieron aún más—. ¿Ese viejo rico te dejó una buena tajada?

Ehh...

Vicente solo le llevaba seis años de diferencia, difícilmente calificaba como un «viejo rico».

Clara solo dudó un instante antes de responder, pero en la mente de Teresa ya se había montado una telenovela completa: Clara, hermosa, casándose con un hombre mucho mayor, para luego recapacitar, divorciarse con decisión y empezar una nueva vida llena de pasión y libertad.

—¿Y cómo quedaron con los niños?

—Se queda con los dos. Pero van a vivir conmigo, y él me pasará la pensión alimenticia.

Con razón.

Teresa recordó su entrevista de esa misma mañana en el majestuoso edificio de las Empresas Velasco.

Cada vez que las puertas del elevador se abrían, veía a decenas de hombres guapos y mujeres deslumbrantes en cada piso.

Solo de verlo, le había alegrado el día.

Teresa le dio unas palmadas entusiastas en el hombro a Clara.

—El lunes empiezo a trabajar en la empresa de Vicente. ¡Está lleno de hombres exitosos y guapísimos! Te juro que me voy a esforzar al máximo para subir de puesto, y cuando esté instalada, ¡te voy a presentar a los mejores partidos!

—¡Me parece perfecto! —Clara no pudo contener la risa y aceptó la propuesta.

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