Entrar Via

LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 32

La casa seguía siendo la misma, las personas también.

Pero por culpa de Clara, el ambiente se había vuelto repentinamente bullicioso.

Vicente miró la corbata azul marino con textura que sostenía en la mano y sintió un vuelco en el pecho.

Por fin sabía desde cuándo había empezado a cambiar Clara.

Desde el día en que ella misma tomó la iniciativa de pedir el divorcio.

Resultaba que este matrimonio no solo lo asfixiaba a él.

Sino también a ella.

La mirada de Vicente se volvió sombría.

Clara estaba de muy buen humor.

El pequeño traje de baño de superhéroe de Andrés, guardado.

Los vestidos de tul brillantes de Silvia, más que suficientes.

Solo de imaginar a sus adorables hijos abriendo los ojos frente a un enorme ventanal con vista a la playa, al cielo azul y a las nubes blancas.

Podía escuchar la tierna vocecita de Silvia diciendo: ¡Guau!

En cuanto a Andrés... no sabía qué expresión pondría ese pequeño trozo de hielo.

Clara estaba ansiosa y emocionada.

De repente, recordó que el cobertor seguía hecho un bulto tirado al lado de la cama; allí estaba toda la evidencia de su delito.

—¡Ay, no!

Clara soltó las gafas de sol pequeñas, dio media vuelta y salió corriendo.

Entró apresurada a la habitación principal, corrió hacia la cama y, efectivamente, el cobertor ya no estaba.

¡Bzz!

Sintió un cosquilleo en el pecho.

De solo pensar que su viaje para limpiar su imagen apenas comenzaba, y que en la mente de Vicente su reputación pasaría de ser malvada a ser egoísta, codiciosa y de dudosa moral, a Clara se le puso la piel de gallina.

—Vicente...

Abrió la puerta de golpe.

No había nadie en el vestidor.

Empujó la siguiente puerta.

Una nube de vapor húmedo y caliente le dio de lleno en la cara.

Clara levantó la vista.

Se encontró de frente con Vicente, quien volteó a mirarla desde debajo de la ducha.

Sus miradas se cruzaron.

Clara se quedó paralizada.

El agua caía deslizándose por los hombros anchos y firmes del hombre, resaltando los músculos de su espalda.

La silueta se estrechaba al llegar a su cintura delgada y tonificada.

Un triángulo invertido perfecto.

Clara nunca imaginó que la primera vez en su vida que vería a un hombre tan atractivo bañándose sería en estas circunstancias.

Vicente frunció el ceño, y la escena cobró movimiento.

—¿Necesitas algo?

—Yo...

Clara no sabía qué decir, su mente estaba llena de la sensación ardiente que había quedado grabada en su vientre bajo la noche anterior.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL