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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 20

Andrés se pegó tremendo susto y de un salto se escondió detrás de Vicente.

A Clara le temblaron los dedos.

Bromear con los niños estaba bien.

¿Pero bromear con Vicente?

Uy, no.

Clara sacudió los escalofríos de su cuerpo, se dio la vuelta, tomó a Silvia de la mano y se subió a la parte de atrás de la camioneta.

Como no cabían todos en un solo auto.

Vicente tomó a Andrés de la mano y se subieron al Maybach.

Mientras el auto se alejaba del parque de diversiones, Vicente miró los ojitos brillantes de Andrés.

—¿Te divertiste hoy con mamá?

¿Se divirtió?

Andrés no lo sabía con seguridad.

Pero sí sabía que se la había pasado increíble.

Sin embargo, esa mujer mala...

Se veía que le tenía pavor a la montaña rusa, pero cuando él le dijo que quería subirse otra vez, ella lo tomó de la mano y volvieron a hacer fila.

Aunque cuando bajaron por segunda vez, estaba pálida del susto.

También había dicho que le daban asco los animales raros, pero cuando él quiso entrar al área de los reptiles, se tapó los ojos y entró con él.

Solo que la mano con la que lo sostenía no dejaba de temblar.

Y además era muy torpe.

Él y Silvia eran pequeñitos, podían esconderse debajo de la mesa sin que los vieran.

Pero su papá era enorme, ¿cómo se iba a poder esconder ahí abajo?

Aun así, ella no se quedó tranquila y se asomó a revisar debajo de las sillas.

Y todos se burlaron de ella.

Sus labios empezaron a dibujar una sonrisa, pero al instante siguiente, Andrés apretó la boca.

—Estuvo bien.

Otra vez el estuvo bien.

Vicente negó con la cabeza y sonrió divertido.

Salieron con la luz del día y regresaron ya de noche.

Y con la regla encima.

Clara se sentía como toda una guerrera.

Apenas llegó a la casa, se metió directo a la regadera.

Tras un baño de agua caliente y ponerse una mascarilla, se sintió fresca y renovada.

Al salir a la sala, vio que ni la niñera ni los niños estaban.

Vicente estaba sentado en un banco alto junto a la isla de la cocina.

No sabía si estaba a punto de salir, porque el hombre no parecía tener intención de ponerse ropa cómoda.

Había dejado el saco tirado en el sofá. Llevaba una camisa negra y pantalones oscuros que remarcaban su espalda ancha y su cintura estilizada.

Incluso de espaldas, emanaba un aura que resultaba increíblemente cautivadora.

Clara no pudo evitar recordar cómo se le había echado encima en la cama la noche anterior.

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