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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 132

—Vicente, Vicente...

—¡Clara, no...! ¡Clara!

Gritando, Vicente despertó sobresaltado de la oscuridad.

Tenía la frente empapada en sudor.

¿Fue un sueño?

¿O... una realidad que podría suceder?

Le latían las sienes con fuerza, su respiración era agitada, incapaz de creer lo que acababa de ver.

Si era verdad, ¿por qué Clara solo llevaba a Andrés?

¿Dónde estaba Silvia?

Si era un sueño...

¡No, no era un sueño!

Porque... en ese sueño, ¡Silvia ya había desaparecido desde el principio!

Él nunca había creído en dimensiones paralelas, pero en ese momento, sintió la extraña ilusión de que todo en el sueño había ocurrido realmente.

—Doctora Ramos, quiero saber... las supuestas premoniciones, ¿tienen alguna base científica?

—Desde el punto de vista científico, no —negó Natalia—. La ciencia se basa en leyes y datos para calcular tendencias probabilísticas. Las premoniciones son más bien coincidencias, pistas del subconsciente o una reconstrucción de la memoria.

Vicente se sumió en un largo silencio.

¿Coincidencia? Pero cada vez que el auto pasaba por la Torre Velasco, Clara levantaba la vista hacia la azotea.

¿Qué estaba mirando?

¿Y si no era un sueño?

Al salir del consultorio de Natalia, Vicente hizo una llamada.

Era tarde en la noche.

En la terraza de la mansión de la familia Soler, Clara estaba perdida en sus pensamientos.

Faltaban veintitrés días para que terminara el periodo de reflexión.

¿El incidente de saltar del edificio ocurría antes o después de esto?

Según el comportamiento reciente de Vicente, no parecía tener grandes avances con Paulina.

Pero entre hombres y mujeres, el estallido de las hormonas no tiene reglas, y ella no podía calmarse para simplemente esperar a ver qué pasaba.

—Clara...

Una voz cálida sonó. Al girarse, Clara vio a Camilo acercándose con un vaso de leche.

—¿En qué piensas?

—Leí en internet que esta noche habrá estrellas fugaces, estoy esperando ver alguna —Clara tomó la leche, buscando una excusa rápida.

Camilo no se fue.

Se acercó, se apoyó en la barandilla de la terraza y miró el cielo nocturno.

—Clara, ¿cuánto tiempo planeas quedarte en casa? —Apenas lo dijo, sintió que podía malinterpretarse, así que añadió rápido—. No te estoy corriendo. Lo que quiero decir es que, si de verdad piensas divorciarte de Vicente, mejor múdate de vuelta a casa para siempre.

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