Era imposible ser grosera con alguien que se mostraba tan amable, mucho menos teniendo en cuenta la terrible reputación que Clara tenía antes. Además, Liana había sido un encanto con ella en todo momento.
Clara sintió un impulso genuino.
—¡Liana, hay que salir a comer un día de estos!
—¡Claro que sí, me encantaría!
Liana aceptó entusiasmada y acompañó a la pareja hasta la puerta principal.
¡Rrum!
Un auto se acercó y frenó justo delante de ellos.
Clara levantó la mirada.
La ventanilla del lado del copiloto bajó y Paulina, que iba al volante, miró directamente a Vicente.
—Vicente, dejaste tu chaqueta en mi casa, la mandé a la tintorería. ¡Te la llevo otro día!
Sin esperar respuesta alguna, la ventanilla subió y el auto arrancó de inmediato.
Clara levantó una ceja.
Su intuición femenina le gritaba que aquello era una provocación directa.
Pero no tenía pruebas.
Le pareció un movimiento completamente absurdo.
Para algo tan privado, bien pudo haberle llamado o mandado un WhatsApp; en una noche tan especial, hasta podrían haber prolongado la cita.
Incluso si solo estaban coqueteando, no había necesidad de hacerlo frente a la exesposa, ¿verdad?
¿Acaso ella era parte de su jueguito perverso?
Con el ceño fruncido y sin entender nada, Clara siguió caminando.
Vicente la sujetó de la muñeca.
—Clara, no malinterpretes. Entre ella y yo no hay nada... El día de su cumpleaños dejé mi chaqueta olvidada en el reservado de un restaurante.
Además, en ese lugar había muchas personas más.
—No tienes que darme explicaciones —respondió Clara con total frialdad, bajo la luz de la luna—. Puedes dejar tu ropa donde te plazca. Además, a mí no me importa.
En el pasado, si Clara percibía en él un perfume ajeno, le habría tirado de la corbata exigiéndole saber a dónde había ido y con qué mujer había estado.
Pero ahora, su rostro solo reflejaba una apatía total.
La frustración que Vicente había estado reprimiendo desde que bajó las escaleras por la tarde, estalló en ese preciso instante.
Con unas zancadas largas, alcanzó a Clara rápidamente.
¡Pum!
La puerta del auto se abrió y ella quedó acorralada contra el metal.
Clara lo miró furiosa.

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