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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 105

—Amiga, esto es demasiado lujo, ¿no crees?

Teresa se quedó boquiabierta apenas pisó el Restaurante El Mirador.

Con ventanales de 270 grados, todo Valle Dorado se extendía a sus pies.

Los autos en la avenida principal parecían pequeñas hormigas.

Desde la universidad, siempre escuchó las leyendas de este lugar. Era la opción por excelencia de los jóvenes millonarios para declarar su amor. Cualquier chica que lograra cenar aquí, podía presumirlo durante cuatro años.

Ella había soñado con visitarlo algún día, pero tras investigar los precios, solo le vinieron a la mente tres palabras.

¡No soy digna!

Jamás imaginó que Clara la traería para expandir sus horizontes.

Clara la había invitado a comer para celebrar su nuevo puesto en el Grupo Velasco.

—¡Para nada! ¡Tú lo vales! —Clara le pasó el menú con una sonrisa—. Ni se te ocurra reprimirte.

Teresa echó un vistazo rápido. Cada platillo empezaba en cuatro cifras.

Cerró el menú de golpe con un ruido sordo.

—Mejor pide tú, yo comeré lo que tú pidas. Creo que acabo de desarrollar alergia a la riqueza.

Clara sonrió divertida.

Solo tenían dos horas para el almuerzo. Entre risas y buena comida, Teresa se despidió a la una y media para volver al trabajo.

Clara saboreaba su helado mientras miraba fijamente hacia la imponente Torre Velasco al otro lado de la calle.

El asiento en el que estaba ahora, era el mismo que ocuparía Vicente.

La dueña original del cuerpo debió haber estado al borde de la desesperación para elegir una forma tan trágica de despedirse de él y de este mundo.

¿Y Vicente?

Cuando recibió la llamada ese día y la vio sentada exactamente aquí, ¿qué pasó por su mente?

—Julián...

—¡A sus órdenes!

—¿En qué horario suele operar el Restaurante El Mirador de la Torre Capital?

—Desde las 11 de la mañana hasta las 9 de la noche.

Tras esperar un buen rato sin recibir más preguntas, Julián se retiró en silencio.

Vicente se levantó y caminó hacia los enormes ventanales.

Bajo el sol radiante del mediodía, el mar de rascacielos reflejaba una luz deslumbrante. Era imposible ver con claridad quién sonreía detrás de aquellos cristales lejanos.

Pero en su sueño, la imagen había sido tan nítida. Una escena que solo podría vivirse observando desde este mismo lugar.

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