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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 405

Perspectiva de Ella

Alexander pasó la mayor parte del resto del día en cama. Como era de esperarse, estaba completamente agotado y se quedó dormido apenas su cabeza tocó la almohada. Entré a verlo de vez en cuando durante la tarde y cada vez que lo encontraba profundamente dormido sentía un pequeño alivio, como si mientras descansara no pudiera ocurrirle nada más.

A la hora de la cena, le llevé una bandeja con comida por si tenía hambre. Cuando entré en la habitación, seguía dormido. Me daba pena despertarlo después de verlo descansar por fin, pero tampoco podía dejar que pasara toda la noche sin comer, así que dejé la bandeja sobre la mesa y me acerqué a la cama.

—¿Alexander? —Le sacudí suavemente el hombro—. Deberías comer. Te traje algo.

Alexander dejó escapar un gemido, se giró hasta quedar boca arriba y se frotó los ojos.

—Gracias, amor —murmuró mientras se incorporaba, con las sábanas amontonadas alrededor de su cintura desnuda.

Le dediqué una sonrisa débil y fui hasta la mesa para servirle una taza de té de la tetera que había llevado.

—¿Ella?

La voz de Alexander sonó ligeramente quebrada.

—¿Por qué la trajiste aquí?

Fruncí el ceño y miré a mi alrededor. La habitación estaba exactamente como la había dejado. No había nadie más. Solo Alexander y yo.

Oh, no.

—Alexander...

Su expresión se vino abajo en cuanto comprendió lo que acababa de decir. Levantó una mano y señaló un punto junto a mí.

—Entonces... esa mujer con el uniforme de Omega no está aquí, ¿verdad?

Negué lentamente con la cabeza, intentando no dejar que se notara el escalofrío que me recorrió al pensar que alguien a quien yo no podía ver podía estar parado justo a mi lado.

Alexander soltó un gemido y volvió a dejarse caer sobre la cama, cubriéndose el rostro con la almohada.

—Come —dije, obligándome a mantener la voz firme—. Y sigue descansando. Solo estás estresado, eso es todo.

—O quizá es que perder el vínculo de pareja está...

La voz de Alexander quedó amortiguada por la almohada y se apagó antes de terminar la frase. Sentí que se me oprimía el pecho porque sabía exactamente lo que había estado a punto de decir.

La pérdida de nuestro vínculo lo estaba volviendo loco.

—Lo siento, Ella.

Alexander apartó la almohada y volvió a incorporarse.

—No quise decirlo de esa manera.

—Está bien.

Apreté la mandíbula y desvié la mirada.

—Pero yo no estoy viendo cosas. Si todo esto fuera por haber perdido el vínculo, ¿no crees que nos estaría pasando a los dos?

Era una excusa bastante débil, y los dos lo sabíamos. Aun así, decidimos aferrarnos a ella por el momento, aunque solo fuera porque necesitábamos creer que había una explicación sencilla para todo aquello.

—Tienes razón.

Alexander bajó las piernas de la cama y se puso de pie para acercarse a la mesa.

—Comeré, descansaré y mañana todo estará mejor.

Sonrió, se inclinó para besarme y, durante un instante, sentí que las cosas volvían a estar bien.

Después de eso lo dejé comer tranquilo y fui a revisar a Lucien. Lo alimenté, le cambié el pañal, le puse el pijama y lo preparé para dormir. Mientras hacía todo aquello, mi mente no dejaba de dar vueltas sobre lo ocurrido. Intentaba convencerme de que no era nada grave, pero una parte de mí seguía inquieta.

A las once de la noche, seguía sin poder conciliar el sueño. Tampoco me sentía más tranquila, así que terminé resignándome a sentarme sola en la cocina. El fuego de la estufa de leña se consumía poco a poco mientras yo bebía una taza de té tras otra. Ya iba por la tercera cuando el crujido de una tabla detrás de mí me hizo levantar la cabeza.

Una Omega mayor a quien reconocí estaba parada en el umbral, vestida con una bata y unas zapatillas. Era una de las empleadas más antiguas de la finca. Aunque rara vez hablábamos, siempre había sido amable conmigo.

—Hola. ¿Quieres un poco de té? —pregunté mientras levantaba la tetera.

La mujer sonrió, se acercó con pasos lentos y tomó asiento a mi lado. Le serví una taza y permanecimos unos instantes en silencio, disfrutando del calor.

—He oído que el Alfa Alexander está teniendo algunas... visiones preocupantes —comentó finalmente.

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