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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 285

Perspectiva de Ella

Entré al despacho de Alexander sin siquiera llamar. Hunter intentó detenerme, pero lo aparté antes de que pudiera decir una palabra.

—Necesito hablar con el Alfa. Ahora.

Alexander levantó la mirada desde su escritorio, sorprendido, con las cejas ligeramente arqueadas. Por suerte, esta vez estaba solo.

—Stella. ¿Qué sucede...?

—Necesito pedir el día libre —dije de golpe.

Alexander parpadeó, claramente desconcertado.

—Sabes que este tipo de permisos deben solicitarse con anticipación...

—Lo sé. Pero esto es una emergencia. —Cuidé cada palabra, temiendo revelar demasiado—. Mi amigo está en el hospital.

Su expresión cambió ligeramente.

—Oh.

Me observó durante unos segundos, como si intentara decidir qué hacer. Por un instante pensé que iba a negarse. Pero al final suspiró y asintió.

—Está bien. Tómate el tiempo que necesites. Haré que Lilith se encargue de tus tareas por hoy.

—Gracias.

No esperé a que terminara de hablar, ni siquiera a escuchar si tenía algo más que decir. Me di la vuelta y salí del despacho lo más rápido que pude.

***

Poco después llegué al hospital donde estaba Liam.

Encontré su habitación en el tercer piso. La puerta estaba ligeramente abierta y, a través de la rendija, lo vi acostado en la cama con una vía intravenosa conectada a su brazo.

Su rostro estaba pálido.

Demasiado pálido.

Por un momento quise dar media vuelta y huir, como si esconderme pudiera deshacer el error que había cometido. Pero mis pies no se movieron. Empujé la puerta con cuidado y entré, retorciéndome las manos sin saber qué hacer.

Los ojos de Liam se abrieron al verme.

—Ella.

Escuchar mi verdadero nombre en sus labios hizo que el corazón se me encogiera.

Me acerqué rápidamente a la cama y tomé su mano.

—¿Qué dijeron? ¿Qué tienes?

Liam permaneció en silencio unos segundos antes de responder.

—Cáncer de páncreas.

Lo dijo con una calma aterradora, como si estuviera hablando de cualquier otra cosa y no de su propia vida.

—Es raro y muy agresivo. Los médicos no saben exactamente cómo apareció, pero... —Se encogió de hombros, intentando restarle importancia—. Dijeron que probablemente me quedan unos meses.

Cáncer.

Le había dado cáncer a mi amigo.

La maldición había vuelto a cobrarse otra vida.

—No... —susurré, cubriéndome el rostro con ambas manos—. No puede estar pasando esto.

—Oye. —Liam extendió la mano y apartó suavemente mis manos—. Todo va a estar bien.

Claro que sonreía.

Claro que seguía preocupado por mí, feliz simplemente porque yo estaba viva, como si él no fuera quien estaba condenado.

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