Perspectiva de Ella
Supe la respuesta en cuanto Alexander abrió el sobre.
No preguntó qué era. No pareció confundido. Ni siquiera mostró sorpresa.
Simplemente bajó la mirada hacia los documentos y se quedó en silencio.
Un silencio que decía demasiado.
Sentí que el pecho se me cerraba. Entonces todo empezó a encajar.
Las miradas diferentes de los últimos días. La forma en que había empezado a acercarse a mí. Cada momento en el que pensé que por fin estaba dejando atrás esa distancia entre nosotros.
Yo había querido creer que algo había cambiado.
Que quizá, después de todo este tiempo, Alexander finalmente estaba empezando a quererme.
Pero tal vez solo había sido eso.
Una mentira. Una manera de mantenerme cerca mientras investigaba a mi familia.
Y lo peor era que yo había caído. Había bajado la guardia.
—Necesito irme.
Me giré para marcharme, pero Alexander reaccionó rápido y se colocó delante de mí.
—Ella, espera.
—¿Para qué? —lo miré, intentando contener el temblor en mi voz—. ¿Para que me expliques cómo llevas cinco años investigándome? ¿Para decirme que todo esto era parte de tu plan?
—No.
Su respuesta salió demasiado rápida.
—No fue así.
Solté una risa seca.
—Entonces dime cómo fue.
Intenté pasar junto a él, pero me sujetó del brazo.
—Por favor. Déjame hablar.
Había algo extraño en su voz.
Alexander siempre había sido frío conmigo. Controlado. Imposible de leer.
Pero ahora parecía estar luchando por encontrar las palabras.
Mi loba también se inquietó.
"Escúchalo", me pidió.
Apreté la mandíbula. No quería hacerlo. No quería darle otra oportunidad de lastimarme.
Pero seguía siendo mi pareja. Y necesitaba saber la verdad.
—Está bien —dije finalmente—. Habla.
Alexander tardó unos segundos en responder.
Cuando lo hizo, sus palabras me dejaron completamente inmóvil.
—Tus padres asesinaron a los míos.
Lo miré sin entender.
—¿Qué acabas de decir?
—La muerte de mis padres no fue un accidente.
Su voz era baja, pero cada palabra pesaba.
—Alguien manipuló los frenos de su coche. Y descubrí que tu padre pagó para hacerlo.
Negué lentamente con la cabeza.
—No.
La palabra salió antes de que pudiera pensar.
—No puede ser.
Mi padre era egoísta. Era despiadado. Nunca había sido el padre que yo necesitaba.
Pero matar a dos Alfas…

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