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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 174

Perspectiva de Ella

No me había dado cuenta de cuánto había extrañado pasar tiempo a solas con Liam hasta que terminamos sentados frente a frente en un bar deportivo del centro, compartiendo una porción de papas fritas con salsa mientras un grupo de hombres ruidosos con camisetas de fútbol celebraba a gritos frente al televisor de la barra.

Era algo tan sencillo.

Tan normal.

Y quizá por eso mismo me hacía bien.

—Te ves increíble —dijo Liam, señalándome con una papa cubierta de salsa antes de llevársela a la boca—. De verdad, Ella. Hay algo diferente en ti.

Me llevé una mano al rostro, algo avergonzada.

—Debe ser eso que todos llaman el brillo del embarazo. La doctora Evelyn dice que es completamente normal.

Liam negó con la cabeza.

—No. Es algo más.

Se recostó en su asiento y me observó con esa mirada suya que siempre parecía ver más de lo que yo quería mostrar.

—No sé cómo explicarlo… Pero pareces feliz.

Hizo una pequeña pausa.

—Feliz de verdad. No esa sonrisa que pones para las cámaras.

La observación me tomó desprevenida.

"¿Era tan evidente?"

Bajé la mirada y empecé a mover una papa con el tenedor, buscando una respuesta adecuada.

—Las cosas han estado mejor últimamente —admití después de unos segundos—. Las náuseas siguen siendo horribles, pero todo lo demás… Alexander y yo hemos encontrado una forma de convivir que funciona.

Liam arqueó una ceja.

—¿Una forma de convivir?

Su tono me hizo mirarlo.

—¿Qué?

—Ella, ¿así lo llamamos ahora?

Fruncí el ceño.

—No sé qué quieres decir.

Liam soltó una pequeña risa.

—Los he visto en los eventos de campaña. La manera en que te mira. Cómo te acercas a él cuando crees que nadie está prestando atención…

Se encogió de hombros.

—Parecen felices.

Sentí que mis mejillas se calentaban.

—Solo estamos llevándonos mejor. Por el bebé.

—Claro. Por el bebé.

Tomé un sorbo de mi daiquiri sin alcohol, intentando ignorar el calor que subía por mi cuello.

La verdad era que había sido feliz últimamente.

Más feliz de lo que recordaba haber estado en mucho tiempo.

Quizá incluso más feliz que nunca.

Pero admitirlo en voz alta daba miedo. Como si al reconocerlo pudiera romperse todo lo que Alexander y yo habíamos construido poco a poco.

—Me preguntó algo hace unos días —dije antes de poder detenerme.

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