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La Ultima Oportunidad de la Luna Enferma romance Capítulo 157

—Yo… no puedo negarme a una orden directa de mi Luna —murmuró finalmente, con evidente frustración al verse incapaz de resistirse.

—Exacto. Así que llévame a la caja fuerte.

La mandíbula de Gabriel se tensó, como si todavía quisiera discutir, pero la Voz de Luna hacía imposible que desobedeciera. Con clara renuencia, terminó asintiendo y señaló hacia la mansión.

—Por aquí.

Lo seguí por la entrada principal y recorrimos el largo pasillo de la planta baja. Pasamos frente al despacho de Alexander, el comedor formal y varias habitaciones más hasta que Gabriel se detuvo delante de una puerta que llevaba al sótano.

Sacó un pequeño llavero del bolsillo, abrió la puerta y la empujó, dejando al descubierto una estrecha escalera que descendía hacia las profundidades de la mansión.

Arrugué la nariz al sentir el olor a humedad. Nunca había bajado allí. Siempre me había parecido un lugar oscuro e inquietante, y además Alexander jamás me había dado acceso a las reliquias de Ashclaw como habría hecho con cualquier otra Luna.

Porque para él, mi cuello nunca había sido digno de portar los símbolos de su familia.

Pero no estaba allí por joyas ni por oro.

Solo quería recuperar un pequeño relicario de plata que, para mí, tenía más valor que todos los diamantes de aquella colección juntos.

—La caja fuerte está al final del pasillo —dijo Gabriel mientras encendía las luces y comenzaba a bajar—. Pero, Luna, de verdad creo que debería reconsiderarlo. A Alexander no le hará ninguna gracia si descubre que…

—Alexander no necesita saber nada de esta visita. —Bajé los escalones sin detenerme—. A menos que tengas intención de contárselo.

—No, Luna. —Los pasos de Gabriel resonaron detrás de mí mientras me seguía con evidente desgana—. No diré nada.

A medida que descendíamos, el aire se volvía más frío y húmedo. La escalera de piedra en espiral parecía no terminar nunca, hasta que finalmente llegamos al nivel inferior.

Gabriel pasó delante de mí y abrió otra puerta. Esta era mucho más pesada, construida para resistir cualquier intento de entrada no autorizado.

Introdujo un código en el teclado electrónico y dio un paso atrás.

La puerta se abrió con un fuerte chirrido metálico, revelando la cámara acorazada que se escondía detrás.

El lugar era mucho más impresionante de lo que había imaginado. Las paredes eran de hormigón reforzado, y el aire acondicionado mantenía una temperatura fría y seca que rozaba mi piel.

Pero lo que realmente capturó mi atención fueron las vitrinas de cristal que cubrían las paredes.

Dentro de ellas descansaban joyas antiguas, artefactos históricos, libros, pergaminos y todo tipo de objetos que brillaban bajo la luz blanca del techo.

Anillos, collares, pulseras, dagas ornamentadas, copas de plata, relojes antiguos…

La colección era enorme. Cientos de piezas, quizá miles, todas colocadas con un cuidado casi obsesivo.

—Diosa… —susurré, girando lentamente mientras intentaba asimilar todo aquello.

—Cinco generaciones de adquisiciones de los Alfas de Ashclaw —explicó Gabriel desde la entrada, apoyándose contra el marco de la puerta—. Cada pieza tiene importancia histórica o un valor económico considerable. Por eso la cámara mantiene condiciones especiales de temperatura y humedad.

Miré a mi alrededor.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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