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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 704

Al llegar al club, Esmeralda recibió una llamada de Gabriel Loyola.

—Esme, ¿ya llegaste?

—Sí, acabo de llegar —contestó.

—Abril baja en un momento, espérala abajo.

Esmeralda suspiró aliviada.

—Entendido.

A fin de cuentas, estaban en San Pedro; Marcos Fierro no se atrevería a pasarse de la raya con Abril.

Al colgar, Esmeralda se quedó esperando en el vestíbulo.

Unos minutos después, de pronto escuchó una voz que saludaba con respeto:

—Señor Montes.

Esmeralda se volteó instintivamente y vio a David entrando por la puerta. Detrás de él venía Cecilia Torres, quien también cruzó miradas con ella.

El gerente se acercó a recibirlo cordialmente.

—Señor Montes, por aquí, por favor.

La mirada de David se detuvo en Esmeralda, que estaba de pie a unos pasos de distancia. Ella endureció su expresión, apartó la vista y justo cuando iba a alejarse hacia un lado, escuchó la voz de Abril.

—Esme.

Esmeralda se detuvo en seco.

Abril venía caminando a paso rápido desde los elevadores.

Esmeralda se adelantó, le tomó las manos y la examinó de arriba a abajo.

—¿Estás bien?

Abril negó con la cabeza levemente.

—Estoy bien, no te preocupes.

Levantó la mirada hacia Marcos Fierro.

Él le clavó a Esmeralda una mirada fría y penetrante con sus ojos rasgados, y luego se dio media vuelta para irse con pasos largos. Al pasar junto a David, se detuvo y una sonrisa llena de intenciones ocultas asomó en sus labios.

Los problemas en Apeiron Systems eran solo una advertencia.

Esmeralda apretó el volante. Marcos Fierro era un lunático; no había nada que no fuera capaz de hacer.

De pronto, Abril añadió:

—Quiero llevarme a Lidia a Valdemar por un tiempo.

Esmeralda orilló el coche, la miró y le dijo con firmeza:

—No puedes renunciar a hacer tu vida por culpa de Marcos.

Sabía perfectamente que Abril estaba consumida por la culpa. A pesar de haber pasado por un divorcio desastroso, ella siempre había sido una mujer radiante y segura de sí misma, convencida de que encontraría a alguien mejor.

Pero ahora mismo, la inseguridad de Abril era más que evidente. Cualquiera se acobardaría al tener a un exmarido que no la dejaba en paz.

Ese era, probablemente, el objetivo de Marcos.

Esmeralda le tomó la mano y le habló desde el corazón:

—Si piensas así, le estás dando exactamente lo que quiere. Además, mi hermano no es un cobarde. Si te rindes ahora, lo estarías menospreciando. Él ya sospechaba de César Soto desde hace tiempo, así que las pérdidas que haya sufrido la empresa están calculadas. Por mucho que Marcos apoye a César, no van a lograr gran cosa.

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