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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 683

Así que, de la noche a la mañana.

Fue como si nada hubiera pasado.

Pero el hecho de que Esmeralda y David estaban casados ya era una realidad innegable.

La directora de inversiones de Inversiones Gracia era la esposa de David.

Esa misma noche.

David regresó a la casa de la familia Montes.

El ambiente en la sala de estar era bastante tenso.

Él había decidido organizar una fiesta para presentar oficialmente a Esmeralda.

—David, estás actuando por puro impulso —fue la primera en protestar Marisa Guzmán—. Esa mujer te tiene comiendo de la palma de su mano. ¡Desde cuándo dejas que una mujer te traiga como su títere!

—Mamá, sé perfectamente lo que estoy haciendo —respondió David, con un tono tranquilo—. Nadie me trae como títere. Mi abuela tenía razón: necesito un matrimonio para asegurar el futuro de la familia.

Marisa puso mala cara y, furiosa, se fue directo a su cuarto en la planta alta.

—David, un asunto de este tamaño deberías haberlo consultado con nosotros primero —le reclamó Jorge Montes a su hijo, subiendo un poco el tono de voz.

—Todo pasó muy rápido, no tuve tiempo de avisarles con anticipación —se justificó David.

A estas alturas.

De nada servía seguir dándole vueltas al asunto.

—Si ella supiera cuál es su lugar, no habría problema —intervino doña Antonella—. Pero, David, Esmeralda ya no es la misma de hace cinco años. Más te vale andarte con cuidado. A veces, la persona que duerme a tu lado es la más peligrosa.

—Lo sé —asintió él.

—Ya que se hizo pública la relación, no podemos permitir que siga trabajando en Inversiones Gracia —suspiró la abuela.

David se quedó en silencio.

***

Mientras tanto.

Al escuchar el tono de llamada finalizada, Romeo soltó una risa burlona y aventó el celular a un lado.

—Qué rápido te colgó —comentó Marcos Fierro, quien estaba sentado frente a él, dándole una calada a su cigarro.

Una mujer bastante atractiva, sentada junto a Romeo, se inclinó para ofrecerle una copa de vino. Él la tomó y, haciendo girar el líquido con un brillo oscuro en los ojos, esbozó una sonrisa perversa.

—El simple hecho de que haya contestado demuestra que está dudando. En este mundo no existen los santos intachables, solo reprimen sus oscuros deseos. Y entre más los reprimen, más crecen. Evelynn es esa obsesión que no deja de crecer en él.

—Tengo que admitir que Evelynn sabe cómo jugar sus cartas —dijo Marcos.

—De haber sabido, me habría dado el gusto de probarla en su momento —Romeo le dio un sorbo al vino—. Pero no importa, ahora nos sirve para cosas más grandes.

Su existencia sería la mecha que haría estallar la guerra entre Gabriel y David.

Se moría de ganas por ver ese día llegar.

Con ese pensamiento en mente, su sonrisa maliciosa se ensanchó aún más.

—¿Crees que Evelynn de verdad siente algo por Gabriel?

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