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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1170

David hizo las presentaciones con Esmeralda una vez más.

Nadie mostró ninguna reacción extraña; todos la saludaron con mucha naturalidad y ella respondió a sus saludos con amabilidad.

Hacía mucho tiempo que la mansión de los Montes no estaba tan animada y llena de gente; ya no recordaban cuándo había sido la última vez que compartieron juntos una comida de esa manera.

Santi no estaba presente hoy.

Doña Antonella le había pedido a Camila Mondragón que lo llamara, pero Camila explicó que él estaba ocupado. La anciana replicó:

—Ustedes deben prestarle más atención a Santi, ya es hora de que también siente cabeza.

Camila no tuvo más remedio que darle la razón, aunque la verdad es que la situación de Santi la superaba. Inicialmente le había parecido una buena opción la muchacha de los Quintana, pero entre ellos no hubo chispa; y en lugar de eso, él había terminado involucrado con la hija adoptiva de esa misma familia. Ahora incluso se arrepentía, pensando que hubiera sido mejor presentarle a chicas de otras familias, sobre todo porque la otra muchacha aún seguía esperándolo.

Sin embargo, Marcelo Montes tenía razón: cualquier cosa era mejor a que siguiera obsesionado con Esmeralda. Camila se sentía impotente ante Santi; su carácter era incluso más terco que el de su hermano mayor.

Lo habían educado desde pequeño, trazándole un plan de vida estructurado, pero a medida que fue creciendo, empezó a desarrollar sus propias ideas y su sentido de independencia se hizo más fuerte.

Su padre le había dado dos opciones: entrar a la empresa familiar o hacer carrera en el gobierno.

Al final, rechazó ambos caminos, tuvo una discusión terrible con su padre, y tras arruinar su relación, se fue al extranjero a estudiar por su cuenta. Ganó su propio dinero, inició su propio negocio y se negó a aceptar un solo centavo de su familia; incluso cuando ella intentó darle dinero, él lo rechazó.

Esa época le provocó terribles dolores de cabeza; tenía que persuadir a su esposo por un lado y tratar de calmar a su hijo por el otro. Entendía perfectamente que Santi no quería estar atado a las exigencias de la familia.

Por eso, si él quería estar con la hija adoptiva de la familia Quintana, ¿qué podía hacer ella? El único problema era que su esposo aún no lo sabía y ahora tendría que pensar en la manera de decírselo.

A decir verdad, observando a los tres hermanos, ninguno de los mayores había logrado controlarlos. Aunque Marcelo era apenas un poco más manejable que David y Santi.

Durante la cena.

Esmeralda se sentó justo entre David e Isa.

David no dejaba de servirle porciones de comida.

Esmeralda lo miró y dijo:

—Puedo servirme sola.

—Está bien, toma lo que se te antoje entonces —asintió él.

—Mamá, prueba esto, sabe delicioso.

Isa le sirvió a su mamá un buñuelo relleno de mermelada.

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