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La última lágrima de la esposa fea romance Capítulo 1153

Al verla con esa actitud altanera e indignada, David espetó:

—¿Acaso crees que tienes razón en esto?

Esmeralda apretó los dedos con fuerza y ni se molestó en responderle.

David tomó el desinfectante y lo roció sobre la herida de ella.

Esmeralda apretó los dientes y frunció el ceño por el ardor.

—¿Por qué no me llamaste cuando te fuiste de Ciudad Frontera? —cuestionó el hombre.

Esmeralda seguía sin decir una palabra.

David no detuvo sus manos; le lanzó una mirada penetrante y continuó interrogándola:

—¿Y por qué no me dijiste que estabas embarazada?

—Me evitas y te escapas con Gabriel hasta el fin del mundo. ¿Por qué no te fuiste al espacio exterior de una buena vez?

—¿Tanto te gusta él?

—Esmeralda, ¿es que no tienes corazón?

—...

El hombre lanzaba una pregunta tras otra sin dejar de curarla.

Esmeralda cerró los puños, su respiración se volvió pesada y su pecho subía y bajaba agitado. De pronto, sintió una angustia indescriptible oprimiéndole el corazón.

—¿No vas a hablar?

Una vez que le puso la curita.

Esmeralda se levantó y caminó hacia la puerta.

David le agarró la mano.

—¿Adónde crees que vas?

Esmeralda lo fulminó con sus ojos enrojecidos y alzó la voz:

—Me voy a dormir.

—¡Vas a dormir aquí! —ordenó con un tono dictatorial.

—Dónde quiero dormir es problema mío, ¿por qué debería hacerte caso? —replicó ella.

—Atrévete a salir por esa puerta hoy y verás.

Esmeralda se mordió el labio y tiró con fuerza para liberar su mano.

Al ver sus movimientos.

David adoptó una expresión glacial.

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