David la miró de reojo con una sonrisa dibujada en sus delgados labios.
—¡En ese entonces eras menor de edad!
Esmeralda frunció el ceño. Al recordar aquella época, le venía a la memoria lo que Santiago Montes le había dicho: que él se había ido al extranjero poco tiempo después. ¿Cómo sabía entonces que ella ya sentía algo por él desde aquellos días?
Como si David leyera sus pensamientos, añadió:
—Me mirabas fijamente con esos ojos grandes, como si temieras que los demás no notaran tus intenciones.
Al instante, Esmeralda sintió que quería que la tierra se la tragara y le respondió de mal humor:
—¿Qué tonterías estás diciendo?
La sonrisa de David se ensanchó un poco más y, con tono relajado, le devolvió la pregunta:
—¿Tonterías?
Esmeralda clavó sus ojos en él.
—Lo recuerdas con tanto detalle. ¿Debería decir que tienes buena memoria o que eres muy superficial?
David sonrió y admitió con franqueza:
—Puedes decir ambas cosas.
Esmeralda se quedó sin palabras.
David continuó:
—Admito que soy superficial. ¿A quién no le gusta la belleza? Si yo no fuera guapo, ¿me habrías mirado dos veces?
Con la mirada ensombrecida, Esmeralda apartó los ojos, giró la cabeza hacia la ventana y guardó silencio.
El interior del auto se sumió en el silencio durante unos segundos.
—Sé que en el pasado te hice mucho daño y no voy a negar las cosas que hice, pero ahora quiero que te quedes a mi lado.
Las palabras del hombre llegaron a sus oídos. Esmeralda bajó la mirada, permaneciendo en silencio, mientras sus manos descansaban sobre sus piernas, apretándose con fuerza.
—Aunque sea por Isa, dame y date una oportunidad.
Otro momento de silencio los envolvió.
Después de un buen rato, Esmeralda habló lentamente:
Caminaron juntos hacia el interior de la villa.
Ninguno de los dos pronunció palabra alguna.
Hasta que entraron a la sala de estar.
En ese momento, solo Manolo estaba viendo la televisión; Álvaro Santillán y Enzo Catalán aún no regresaban, y Valentina Santillán estaba arriba durmiendo al bebé.
Al escuchar el ruido, Manolo volteó y se sobresaltó por completo al ver quién entraba. Estuvo a punto de decir algo.
Esmeralda levantó la mano y le pidió silencio.
Al notar a la pequeña dormida, Manolo cerró la boca de inmediato.
David subió directamente a la habitación de Esmeralda con Isa en brazos, la recostó en la cama y le quitó los zapatitos. Se sentó en el borde de la cama, la observó por un momento y, sin demorarse más, se puso de pie, miró a la mujer frente a él y susurró:
—Pasaré a recogerlas mañana por la mañana, alrededor de las diez.
La mirada de Esmeralda permaneció sobre su hija, sin decir nada.
David le dirigió una mirada profunda antes de darse la vuelta y salir caminando de la habitación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...