Por un momento, Esmeralda no supo qué responder. Isa la miraba fijamente; esta vez estaba muy terca y no dejó que su mamá evadiera el tema. Era como si le exigiera una respuesta.
Guardando el amuleto protector en su mano, Esmeralda tomó a la niña de la mano, caminó hacia el sofá y le explicó:
—Es para desear que alguien esté a salvo.
—¿Es para proteger a papá? ¿Es para él? —preguntó Isa con los ojitos brillantes.
—Papá ya no lo necesita —respondió Esmeralda.
—¿Por qué ya no lo necesita?
—Porque papá ya está a salvo.
—Pero tiene su nombre escrito, ¿por qué no se lo das a papá?
Esmeralda suspiró resignada.
—Se lo daré cuando termine de trabajar.
Cuando Isa se aferraba a una idea, no era fácil engañarla.
—¡Está bien! —dijo la pequeña, contenta.
—Pero Isa, no le digas nada a papá todavía.
Isa entrecerró los ojos con una sonrisa.
—¿Es una sorpresa para él?
Esmeralda le dedicó una cálida sonrisa, pero no respondió.
—Entonces no le diré nada a papá —aseguró Isa entre risas.
Esmeralda se acercó al buró del otro lado, sacó las vitaminas del cajón, tomó dos pastillas y se las dio a Isa.
Después de arrullar a la niña hasta que se durmió.
Esmeralda contempló la bolsita de la suerte en sus manos, pensando que tal vez sería mejor dejarla en la pequeña capilla. ¿Qué sentido tenía dársela a David Montes y buscarse un rechazo gratuito?
Abrió el cajón y volvió a guardar la bolsita.
Al día siguiente.
Justo después de dejar a Isa en la escuela, Esmeralda recibió una llamada de Gabriel Loyola. Había un evento de intercambio académico en la Universidad de San Pedro y le preguntó si quería asistir como oyente.
Aunque debía quedarse en casa para recuperarse, también necesitaba salir a caminar un poco siempre que su salud se lo permitiera.
Esmeralda no se negó. Estar todo el día encerrada le resultaba muy aburrido y de verdad no podía quedarse quieta. Pero si decía que iba a trabajar, Valentina Santillán definitivamente no se lo permitiría. Como tampoco quería desconectarse de su entorno profesional y académico, decidió ir a hacer algo diferente.
Pero al final Isa no soltó prenda. Ya se lo había prometido a su mamá; al no poder cumplirla por completo, al menos no le revelaría a su papá de qué se trataba exactamente.
David no insistió más.
—Bueno, entonces pórtate bien en tus clases.
—Sí, adiós papá.
—Adiós, preciosa.
David colgó y la ternura desapareció de su rostro. Sus dedos descansaron sobre el escritorio, golpeando la superficie rítmicamente con el índice mientras su oscura mirada se clavaba en un punto fijo.
Una mujer de corazón tan frío como ella, que ahora deseaba estar lo más lejos posible de él, ¿qué tipo de sorpresa podría darle?
Sin embargo, sabía que Isa no le mentiría por capricho.
De repente se puso de pie, pero apenas dio un paso, se detuvo en seco y terminó sentándose de nuevo en su silla giratoria.
¡Bzz, bzz, bzz!
Su celular volvió a vibrar. Lo tomó, miró el identificador de llamadas y se quedó en silencio unos segundos mientras su respiración se estabilizaba. Presionó el botón para contestar, se lo llevó a la oreja y dijo:
—¡Bueno!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La última lágrima de la esposa fea
Hola! Los capítulos 490 en adelante están incompletos Gracias x tus esfuerzos x traducir las novelas. Excelente trabajo...
Cuando continúan con el resto de la historia increíble que lo dejen a uno así....
Cuando la se actualiza?...
Me tiene la trama Encantada es un a lástima q cobren para poder seguir en la trama es una delas pocas novelas q tiene diferentes trama no hay mujer sumisa espero poder seguir gracias...