La chica recordó la actitud de Jimena de esa misma mañana, soltó un fuerte resoplido y ató cabos al instante.
Federico se había ido lejos y no regresaría pronto.
Estaba huyendo.
Como Jimena lo había rechazado un par de veces, se había dado por vencido.
Del otro lado de la línea, Andrés suspiró.
—La verdad es que, últimamente, el jefe ha estado muy lastimado con todo este asunto. Él...
—¡Lastimado mis polainas! —lo interrumpió apretando los dientes—. ¡Por andar metiéndose con Regina, a la señorita Calvo casi la mata la familia Serrano en ese accidente de coche!
—¡A la que dejaron plantada en el altar fue a la señorita Calvo! Y, después de casarse, él seguía viéndose a escondidas con Regina. ¡La única lastimada aquí es ella! ¡Que no me venga con la tontería de que está herido!
Esa retahíla de verdades dejó a Andrés sin palabras.
Unos segundos después, tartamudeó:
—Mira, Violeta... mejor ya no hablemos de nuestros jefes. Vamos a cenar hoy, dime qué se te antoja, yo...
Pero ella estaba que se la llevaba el diablo tras enterarse de la noticia.
No lo pensó ni un segundo para gritarle:
—¡Cenar, cenar, vete mucho a la fregada con tu cena!
Y tras soltarle eso, le colgó en la cara.
Andrés se quedó mudo y estupefacto.
Siempre que se veían en persona, ella había sido de lo más educada. Nunca se imaginó que tuviera un genio de los mil demonios.
En la oficina, Violeta dejó el celular sobre su escritorio, con la respiración entrecortada del coraje.
Le hervía la sangre al pensar que Jimena llevaba días sin poder tragar bocado a causa del embarazo.
Y que Federico, solo por haber sido bateado un par de veces, se hubiera ido al extranjero huyendo de los problemas, sin fecha de regreso. ¡Le daba muchísimo coraje!
¡Ella misma había notado que Jimena estaba empezando a ceder!
Se le acercó con mucha cautela para explicarle:
—Violeta, me parece que estás confundida. Yo no soy una de las amigas de Regina.
—Ella y yo solo somos unas viejas conocidas.
—Jamás hemos sido amigas íntimas. Antier, cuando se enteró de que yo había vuelto al país, lo único que hizo fue invitarme a comer, nada más.
Violeta se secó los ojos y, al ver la sinceridad con la que se justificaba, tomó aire para calmarse un poco.
—Perdón. Me desquité contigo —le dijo.
—La señorita Calvo tiene razón: solo somos compañeras de trabajo. Aquí venimos a tratar asuntos laborales. Tu relación con Regina es tu problema y no tiene nada que ver con la oficina. Hace un rato se me subió la sangre a la cabeza y me fui contra ti. Te ofrezco una disculpa.
Al escucharla, Olivia negó rápidamente con las manos y sonrió:
—No pasa nada, entiendo que no fue a propósito.
—Solo quería aclararlo, porque no me gustaría que nuestra relación laboral se echara a perder por culpa de Regina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...