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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1430

Andrés llevó a Federico hasta el aeropuerto. Bajó el equipaje del coche y se dispuso a acompañarlo hacia las salas de abordar.

Sin embargo, Federico tomó la maleta directamente de sus manos y le dijo con un tono neutro:

—Puedes regresarte.

—Tienes muchas cosas que resolver en la empresa. Mientras yo no esté en el país, vas a tener que apoyar al director interino para que todo funcione bien.

El joven asintió con algo de incomodidad y observó cómo su jefe daba media vuelta y entraba al edificio.

Se quedó ahí plantado por un buen rato, hasta que la figura de Federico se perdió entre la gente. Fue entonces cuando apartó la mirada y subió de nuevo al coche.

No arrancó enseguida; se quedó sentado, sacó el celular y le mandó un mensaje a Violeta:

[¿Estás ahí? ¿Ya te levantaste?]

Violeta estaba a punto de salir a recoger a Jimena. Al ver la notificación en la pantalla, frunció el ceño y le contestó al instante:

[Ve al grano. Si me preguntas de la nada si estoy, voy a pensar que me quieres pedir dinero prestado.]

Andrés leyó la respuesta y, con evidente resignación en la mirada, le tecleó:

[¿De verdad crees que tengo cara de andar necesitado de dinero?]

Violeta lo dejó en visto.

Por lo que le mandó otro mensaje:

[Es probable que me vaya al Estado de Chavín.]

Violeta: [¿Qué pasó? ¿Vas a renunciar al Grupo Núñez?]

Andrés: [No, el señor Núñez aceptó un puesto allá.]

A Violeta le dio bastante igual leer aquello.

Al fin y al cabo, Andrés era el asistente personal de Federico.

Era de lo más normal que lo acompañara cuando se iba de viaje de negocios.

Hace un tiempo, cuando Jimena fue a hacer una investigación de campo al Estado de Chavín, ella misma la había acompañado por casi quince días.

[Ah, ya. Pues que les vaya bien con el trabajo.]

Sin darle más vueltas al asunto, guardó su teléfono y encendió el auto para ir por Jimena.

—Jimena... Federico se acaba de ir al Estado de Chavín.

Jimena guardó silencio por un momento al escuchar la noticia.

Si fuera un simple viaje de negocios, la señora Núñez no la habría llamado específicamente para contárselo.

Estaba claro que, esta vez, se iría por un buen tiempo.

—¿Ah, sí? ¿Cuánto tiempo se va a quedar allá? —preguntó.

La señora dejó escapar un suspiro.

—No hay fecha de regreso. Dijo que no va a volver a Santa Brisa hasta que logre que el mercado internacional del corporativo alcance un cincuenta por ciento.

Jimena apretó un poco el teléfono y se quedó totalmente callada.

Con cierta impotencia en la voz, la señora continuó:

—Antes siempre deseaba que él viniera a apoyarme en la empresa, y varias veces consideré mandarlo a prepararse al extranjero. Pero ahora que se fue por decisión propia, siento que todavía no me hago a la idea.

Jimena frunció levemente los labios y, en voz baja, le respondió:

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