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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1410

Jimena lo miró de reojo y levantó un poco la ceja.

Había escuchado claramente sus palabras. Esbozó una ligera sonrisa y respondió:

—¿Se refiere a mí, señor Núñez?

Federico levantó la vista para sostenerle la mirada.

—¿Pues a quién más?

Al verlo con esa cara de perro apaleado, Jimena se quedó callada unos segundos antes de soltar una sonrisa resignada.

—No recuerdo haber jugado con los sentimientos del señor Núñez.

Federico respiró hondo.

—Anoche no me corriste de la habitación, me diste esperanzas y hoy amaneces dándome un golpe bajo. ¿Acaso eso no es jugar conmigo?

Jimena respondió con un tono de lo más tranquilo.

—Anoche estábamos en la casa de la familia Núñez, era tu habitación, tu cama. Si hubiera corrido al señor Núñez, habría sido bastante inapropiado.

»Además, el que se coló en la cama fuiste tú, así que no se puede decir que yo estuviera jugando contigo.

Esas palabras dejaron a Federico sin argumentos.

Se quedó mirándola fijamente.

Jimena echó un vistazo al frente y advirtió con seriedad:

—Ya está en verde, maneja con cuidado.

Solo entonces Federico apartó la vista de ella y cruzó la calle.

Pasando el semáforo, llegaron a la sucursal del Grupo Núñez.

Jimena abrió la puerta para bajar. Una vez fuera, se inclinó, miró a Federico desde la ventanilla y comentó con indiferencia:

—Señor Núñez, si no aguanta ni esto, mejor no se me acerque. De verdad, me da miedo que salga herido.

»Porque yo jamás he pensado en volver contigo.

Dicho esto, dio media vuelta y entró a las oficinas.

Federico se quedó mirando su espalda durante un buen rato, con el pecho agitado; era evidente que sus palabras lo habían sacado de quicio.

Cuando Olivia llegó en coche a la empresa, vio que la entrada estaba bloqueada por un auto, así que tocó el claxon.

Pero el de adelante ni se inmutó.

Olivia abrió la puerta de inmediato, se bajó y le dio unos golpecitos a la ventanilla del otro coche.

—A la señorita Calvo la trajeron; era ese coche que estaba ahí adelante cuando usted llegó.

Olivia soltó un «ah», comprendiendo más o menos la situación.

Le dedicó una sonrisa amable a la chica de recepción y se dirigió a su área de trabajo.

La familia Núñez había empezado a pagarle los estudios cuando estaba en la preparatoria.

Había escuchado muchos rumores sobre Federico, que básicamente lo pintaban como un niño rico bueno para nada.

Quién iba a decir que algún día encontraría la horma de su zapato.

Recordando lo que había publicado la prensa de Santa Brisa hace poco, Olivia no pudo evitar pensar que se lo tenía bien merecido y pensó que a todos les llega su hora.

Llegó a creer que nadie en este mundo sería capaz de domar a Federico.

Cuando Olivia regresó a su lugar, Violeta ya estaba ahogada en trabajo.

Últimamente, Violeta andaba con todo, obsesionada con sacar adelante los números de la empresa; parecía que le habían dado cuerda.

A Olivia le parecía raro, pues Violeta ni siquiera era gerente, no entendía de dónde sacaba tanta energía.

Justo cuando Violeta acababa de cerrar otro proyecto,

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