La señora Núñez le dedicó una sonrisa reconfortante y comentó:
—Es normal que te sientas un poco apagada en esta etapa. Conforme pasen los meses, se pondrá más pesado. Ya en la recta final, a lo mejor ni siquiera puedas dormir de corrido.
Vas a ver que te vas a estar despertando a cada rato.
Cuando llegue ese momento, te mandaré a un par de personas para que te ayuden en la casa.
Por cierto, ¿el departamento en el que estás no te queda muy chico? ¿No prefieres que te busque algo más amplio?
Jimena agradeció el ofrecimiento, pero declinó amablemente.
—No, mamá, no hace falta. Ese penthouse es tan grande que hasta se siente vacío.
Además, para los últimos meses, me gustaría regresar a San Miguel Antiguo.
La señora Núñez asintió con comprensión.
—Me parece muy bien.
Siempre es un alivio tener a la familia cerca en esos momentos. Para entonces, tu hermana ya debería de haber tenido a su bebé.
¿Cuándo le toca aliviarse a ella?
Jimena respondió con dulzura:
—En unos tres meses.
Quiero estar ahí para el parto, así que tengo que hacer el viaje.
La señora Núñez volvió a asentir.
—Por supuesto que tienes que ir. Ustedes dos han sido su único apoyo mutuo, y tenerte a su lado le dará mucha paz.
Dar a luz es jugarse la vida. Eso es algo que los hombres jamás van a entender.
El único detalle es que... para esa fecha, a ti también se te va a complicar andar de un lado a otro.
El vientre de Jimena también estaba creciendo, y los viajes constantes generaban cierta preocupación.
A la señora Núñez le daba pendiente pensar que tendría que estarse moviendo entre San Miguel Antiguo y Santa Brisa en su estado.
—Mejor aprovecha que vas para lo del bebé de Petra y ya quédate a vivir en San Miguel Antiguo.
Déjale el control de la sucursal a Olivia Núñez; es muy inteligente y aprende rapidísimo.
Yo, en cuanto tenga un espacio, me doy una vuelta por San Miguel Antiguo para ir a visitarte.
—¿Acaso es porque Franco Ruiz se mudó de Mirador del Sur a San Miguel Antiguo?
Al escuchar eso, la señora Núñez lo fulminó con la mirada.
—¿Qué mosca te picó desde temprano, pedazo de animal?
Jimena, sin inmutarse, alzó la vista hacia Federico.
Sus ojos reflejaban un remolino de emociones que hizo que Federico se arrepintiera al instante de haber abierto la boca.
Él sabía mejor que nadie que Jimena jamás perdonaría a Franco.
Sin embargo, el solo recuerdo de haber visto a Franco hablándole la noche anterior lo carcomía por dentro. Se sentía invadido por unos celos que lo estaban enloqueciendo.
—Yo...
Jimena dejó el tenedor con el que iba a empezar su postre sobre el plato y se dirigió a la señora Núñez:
—Mamá, me acabo de acordar que tengo unos pendientes urgentes en la empresa, así que mejor ya me voy.
La señora Núñez asintió, comprensiva.
—Está bien, vete con cuidado. Dejo que el chofer te lleve.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...