La empleada se cruzó de brazos.
—Estoy segura de que nuestra señorita no lo invitó a venir.
Franco se tensó, pero insistió de inmediato.
—Giselle, tengo algo muy importante que platicar con ella.
La empleada bufó con impaciencia.
—¿Y qué cosa es tan urgente que no se la puede decir por teléfono? ¿O será que la señorita ya ni siquiera le toma las llamadas? Si no soporta ni escuchar su voz, ¿con qué cara viene a pararse a la puerta de esta casa?
Las palabras de Giselle fueron como puñaladas, y Franco se puso rojo del coraje.
Pero sabía que era su única oportunidad y no se iba a ir solo porque una empleada le gritara un par de verdades.
—Giselle, yo sé que Jimena ya se divorció, y sé que fue por mi culpa. Tuvimos cinco años de relación. Estoy seguro de que en el fondo todavía le importo. Solo déjame entrar para hablar bien las cosas con ella.
La expresión de Giselle se endureció. Escucharlo hablar de ese tema le revolvía el estómago.
Para ella, esos cinco años de relación habían sido la peor mancha en la vida de Jimena.
Ese hombre era, simple y sencillamente, el lado oscuro del pasado de su jefa.
—Señor Ruiz, ¿de dónde saca tanta autoestima? ¡Híjole, de verdad que le falta un espejo en su casa! ¿Usted de verdad cree que una porquería como usted fue la causa de su divorcio? Hay que ser muy sinvergüenza para atreverse a decir eso.
—Hasta me sorprende su descaro. Pero viéndolo bien, si no tuviera la cara tan dura, no se habría atrevido a ponerle el cuerno a nuestra señorita durante cuatro años con esa mujer de la familia Espino, mientras jugaba a ser el novio perfecto durante cinco.
—Y ahora que es pura mercancía dañada, ¿con qué cara viene a acosarla? Para ser sincera, a un producto de segunda mano como usted ni en las rebajas lo agarran.
Las palabras de Giselle estaban cargadas de tanto veneno que Franco no pudo aguantar más y perdió los estribos.
—¡Giselle!
—¡Solo eres una simple empleada de esta casa! Te he hablado con respeto únicamente por Jimena, ¿y ya te crees la dueña? ¿Acaso tú tomas las decisiones por ella?
Franco la fulminó con la mirada, apretando los puños.
—Cállate la boca.
Giselle resopló con desdén.
—Si no tiene la vergüenza para dejar de hacer tonterías, no pretenda que los demás nos quedemos callados. Y si quiere que me calle, pues muy fácil: lárguese de aquí y deje de estorbar en la entrada.
Franco apretó la mandíbula con tanta fuerza que casi le rechinan los dientes. Le lanzó una última mirada de odio a Giselle y se vio obligado a regresar a su coche, humillado.
En cuanto se dio la vuelta, Giselle hizo un gesto de asco y cerró el portón de hierro de un portazo.
El fuerte golpe metálico retumbó en los oídos de Franco, haciendo que la sangre le hirviera del coraje.
En cualquier otra época, habría mandado todo al diablo y se habría largado ante el primer insulto.
Pero esta vez sabía que no podía darse el lujo de irse. Si se rendía ahora, cualquier oportunidad con Jimena se iría a la basura para siempre.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...