Al ver la crisis nerviosa de Rosalía, a Franco le pareció que estaba completamente loca. Se sacudió su agarre con fuerza y caminó hacia el interior del restaurante.
Rosalía, rechinando los dientes, corrió tras él.
—Franco, de aquí no pasas hasta que hablemos las cosas claras.
Franco, sin una pizca de paciencia, soltó entre dientes:
—¡Lárgate!
Pero Rosalía no se achicó; aceleró el paso y le cortó el camino.
Franco, hasta el tope del escándalo, le lanzó un empujón brutal.
Rosalía trastabilló un par de pasos antes de caerse, golpeándose la cabeza contra la base de concreto de la entrada. Y ahí se quedó, sin moverse.
Al ver la escena, Georgia soltó un alarido y corrió hacia ella.
Rosalía todavía trató de incorporarse a como dio lugar, pero al siguiente segundo, su vista se nubló por completo y se desmayó.
Leonel, preocupado de que Franco hiciera alguna estupidez y terminara cayéndole peor a Jimena, se quedó dudando un rato, pero finalmente salió a asomarse.
Justo cuando ponía un pie afuera, le tocó ver cómo Franco la tiraba al piso.
Salió volando para ayudarla.
Los demás invitados que seguían adentro, al notar que Leonel salía como alma que lleva el diablo, también salieron para ver el mitote.
No tardaron en llevar a Rosalía al hospital.
Al final, la dichosa reunión de exalumnos acabó con ella lastimada.
Por otro lado, el chofer manejó hasta dejar a Federico en su hotel.
Federico se quedó callado en la parte de atrás durante todo el trayecto.
El chofer echó un ojito tímido por el espejo retrovisor; lo único que alcanzó a notar fue la cara inexpresiva de Federico y su mirada lúgubre.
Ese chofer llevaba ya sus buenos años sirviéndole a Federico.
Y jamás, pero de los jamases, lo había visto con ese semblante tan oscuro.
Empezó a rebobinar en su cabeza todo el teatrito que se habían armado Federico y Franco un momento atrás.
Por fuerita, se veía como si Federico hubiera dado el último golpe.
Pero en el fondo, sabía que a su jefe no le había ido tan bien que digamos.
En cuanto Jimena se subió, Violeta la checó rápido por el retrovisor y le preguntó entre risas:
—¿Y qué tal te fue en la reunión de exalumnos? ¿Sacaste algún buen chisme?
Jimena ni se inmutó y respondió seca:
—Suéltalo de una vez.
Violeta esbozó una sonrisa de disculpa y contestó:
—Vi que subieron unas cosas en el grupo de Whatsapp de los exalumnos. Cosas de Franco y Rosalía. Dicen que después de que te fuiste, esos dos acabaron agarrándose a golpes anoche.
Jimena se limitó a asomarse por la ventana y, con su tono apagado de siempre, sentenció:
—Háblame de las cosas de la oficina mejor. Apenas empieza el día y con solo oír hablar de ellos, se me revuelve el estómago.
Violeta asintió e inmediatamente desvió la conversación al trabajo.
Jimena iba tranquila en la parte de atrás, escuchando a Violeta.
Al acabar con los reportes de la oficina, Violeta agregó por lo bajo:
—Antier el señor Núñez pasó a la sucursal a buscarte. Le comenté que te habías ido a San Miguel Antiguo. Hoy el asistente Andrés me comentó que el señor Núñez viajó para allá. ¿No te llamó?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
No es gratis!!!...
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...