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La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 1082

Si alguien hubiera grabado aquella escena, seguramente habría llamado mucho la atención.

Julieta se detuvo y los observó con el ceño fruncido.

Héctor fue el primero en verla.

De inmediato soltó a Jairo y lo empujó para apartarlo.

Jairo también notó a Julieta a unos metros de distancia y se acomodó la ropa, que había quedado desordenada por el forcejeo.

Julieta los miró una vez, no dijo nada y siguió caminando.

Héctor fue tras ella a grandes pasos.

Julieta esperaba junto a la calle a que el carro que había pedido diera la vuelta y llegara hasta donde estaba.

Cuando el vehículo se detuvo frente a ella y estaba por subir, Héctor la sujetó de la muñeca.

—¿A dónde vas? Yo te llevo.

Julieta volteó hacia Héctor.

Tenía el cabello desordenado y la camisa, que antes llevaba bien fajada, se le había salido por el forcejeo.

—No hace falta. Suéltame.

Héctor siguió sujetándole la muñeca, sin intención de soltarla.

Los dos se quedaron así, en un tenso silencio.

El chofer esperaba a un lado sin apresurarlos.

Después de un momento, Julieta comenzó a perder la paciencia.

—Héctor...

De pronto, él dijo:

—Perdón.

Julieta se quedó inmóvil, creyendo por un instante que había escuchado mal.

Nunca imaginó que Héctor, tan arrogante y orgulloso, pudiera disculparse con ella.

Se quedó mirándolo, y las palabras que estaba a punto de decir se le atoraron en la garganta.

Pero enseguida reaccionó y apartó la mirada.

El silencio volvió a instalarse entre los dos.

Héctor preguntó otra vez:

—¿A dónde vas?

Julieta no respondió y, en cambio, le dijo al chofer:

—Disculpe, ya no voy a necesitar el viaje.

—Entonces, por favor, cancele el viaje en la aplicación.

Julieta asintió.

El chofer se marchó.

Julieta intentó liberar la mano para sacar el celular y cancelar el viaje, pero Héctor todavía no la soltaba.

Héctor seguía en el mismo lugar, sin haberse movido.

Julieta apartó la mirada y regresó hacia el edificio.

Al pasar junto a Jairo, tampoco le dijo nada.

La mirada de Héctor siguió cada uno de sus pasos mientras ella volvía hacia el vestíbulo.

Cuando él se dispuso a seguirla, Jairo dio un paso al frente y le bloqueó el camino.

Héctor lo miró.

—Si quieres pelear, mañana vamos al gimnasio de box. Cuando quieras.

—No hace falta esperar hasta mañana. Vamos ahora.

Jairo llevaba mucho tiempo queriendo darle una buena golpiza.

Héctor respondió:

—Hoy no puedo.

—Julieta no quiere hablar contigo ahora.

—Que no quiera hablar conmigo no significa que no pueda quedarme cerca de ella.

—Pero tú le alteras el ánimo. Y tampoco necesita que estés vigilándola.

Héctor frunció ligeramente el ceño.

—Tú deberías estar buscando pareja en vez de pasarte todo el día pendiente de Julieta.

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