Entrar Via

La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera) romance Capítulo 1080

Héctor no dijo nada.

Jairo pensó que había colgado y miró la pantalla.

Al ver que la llamada seguía conectada, preguntó:

—¿Y ahora qué te pasa?

—Me duele el estómago.

—Si te duele el estómago, ve al médico. ¿Para qué me llamas a mí? Yo no sé curarte.

—Díselo a Julieta.

Lo dijo con tanta seriedad como si estuviera hablando de una colaboración de negocios.

Jairo soltó una risa.

—¿Ahora te estás haciendo la víctima?

Héctor mantuvo el mismo tono de siempre.

—¿Qué estuvo haciendo en la mañana?

—¿Qué más iba a hacer? Estuvo con Sofía.

Jairo no le mencionó que Carlos había invitado a Julieta a salir esa tarde.

Después preguntó:

—¿No piensas hacer nada con todo lo que se está diciendo sobre Carlos?

Las noticias ya habían bajado de las tendencias, pero dentro de su círculo los rumores seguían circulando con fuerza.

Incluso había gente que había llamado a Jairo para preguntarle al respecto.

Héctor soltó una risa fría.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Que anuncie públicamente que Julieta y yo ya estamos divorciados y que Carlos es inocente?

—¿Acaso no es la verdad?

La voz de Héctor se volvió especialmente fría.

—Que ni lo sueñe.

Quería ver cuánto tiempo más podía aguantar Carlos.

Jairo tampoco tenía mucho que decir.

Héctor y Carlos llevaban años enfrentándose en los negocios.

Ahora, con Julieta de por medio, la rivalidad entre ambos se había vuelto todavía más intensa y no parecía haber forma de suavizarla.

—Entonces, ¿solo me llamaste para que le dijera a Julieta que te sientes mal?

—Ya no hace falta.

En cuanto terminó de hablar, Héctor colgó.

Jairo bajó el celular.

Últimamente, el estado de ánimo de Héctor era realmente inestable.

Regresó al comedor.

Mauricio preguntó:

—Ya puedes regresar.

Jairo la miró.

—Héctor me pidió que te dijera que le duele el estómago.

Julieta lo miró con fastidio.

—¿Acaso él no puede decírmelo personalmente? ¿También necesita que tú le lleves el recado? Además, yo no soy doctora.

Después de recibir aquel regaño, Jairo se arrepintió de haber abierto la boca.

No debió meterse.

Al final, hasta él terminó recibiendo una reprimenda, cuando Héctor solo estaba sufriendo las consecuencias de sus propias decisiones.

—Señor Jairo.

Una voz llegó desde la entrada.

Jairo y Julieta voltearon.

Julieta apartó enseguida la mirada, caminó hacia uno de los sofás cercanos y se sentó.

Quien acababa de llegar era Ricardo.

Se acercó y estrechó la mano de Jairo a modo de saludo.

Jairo ocultó de inmediato sus emociones y recuperó su habitual expresión fría y distante.

Ricardo había visto perfectamente cómo, apenas unos segundos antes, Jairo había recibido un regaño sin atreverse a responder una sola palabra.

Si no lo hubiera visto con sus propios ojos, de verdad le habría costado creerlo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La señora no perdona al infiel (Yamila Rivera)