El sol del atardecer se había escondido por completo tras las ventanas.
La noche, como un paño negro enorme, iba cubriendo poco a poco toda la ciudad.
En el interior de la finca, las luces se iban encendiendo una tras otra.
Bajo la calidez amarillenta de esas lámparas, Kiara se recostaba en el pecho de Aarón, escuchando el ritmo firme de su corazón, aunque por dentro sentía que dos fuerzas opuestas la jalaban sin piedad.
Por un lado, la desesperada necesidad de ser libre; por el otro, el temor casi paralizante a la venganza de Dionisio.
No tenía idea de cómo terminaría esa batalla, solo sabía que, desde ese instante, ya no había forma de dar marcha atrás.
Imaginó, por un momento, que Dionisio terminara tras las rejas. Veinte años encerrado.
Ese, sin duda, sería el mejor final posible.
...
Zona Bahía Serena.
Suite presidencial del Hotel Cambio Celeste.
Dionisio acababa de colgar la llamada con Gonzalo. En sus labios se dibujaba una sonrisa cargada de segundas intenciones.
Caminó hasta el mueble de las bebidas, se sirvió un trago generoso de whisky y lo vació de un solo golpe.
—Aarón... —susurró el nombre, y en sus ojos se encendió un destello peligroso—. ¿Quieres jugar conmigo? Veamos quién aguanta más, a ver quién acaba destrozando al otro.
Agarró el celular y marcó un número encriptado. La voz que le salió era tan seca que congelaba el ambiente.
—Quiero que me investigues todos los pasos de Aarón últimamente. Especialmente al abogado nuevo que lo acompaña. Y... mantente atento a cualquier movimiento en el centro de rehabilitación, necesito saber qué hace Kiara cada día.
—Entendido, señor Dionisio.
Colgó.
Se sirvió otro trago, lo bebió de golpe. El ardor del whisky descendía por su garganta, pero no era suficiente para calmar la furia que hervía en su interior.
Kiara era suya. Solo suya.
Cualquiera que intentara interponerse, debía prepararse para lo peor.
Aquella guerra silenciosa acababa de alcanzar el punto más peligroso.
—Tuu, tuu, tuu...
El celular volvió a sonar.
Miró la pantalla. Carmen León.
—¿Sí?
Al contestar, la voz de Carmen llegó cargada de reproche.

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