Lorena giró de golpe y lo fulminó con la mirada, los ojos enrojecidos por la rabia contenida.
—¡Dionisio! ¿De verdad por esa mujer te vas a poner en contra de mamá?
—No es que me ponga en contra, es cuestión de justicia —respondió Dionisio, mirándola con una mezcla de culpa y determinación—. Si no fuera por Daniela, la familia Olivares se habría venido abajo hace años. Ella ha aguantado tanto por nosotros como cualquiera de aquí. Aunque no te caiga bien, deberías reconocer todo lo que ha hecho.
Se quedó callado un momento.
Luego, pasó un brazo alrededor de los hombros de Daniela. Sintió que ella temblaba levemente, y eso le ablandó el corazón.
—Además, para mí, ella es la única esposa que reconozco en esta vida. Si Daniela no estuviera, ya te habrías quedado sin hijo… y ni hablar de un nieto.
Lorena se quedó sin palabras, tragándose el coraje y la impotencia.
Por más que le molestara, tenía que admitir que Dionisio tenía razón.
En su momento, Daniela se partió el lomo por la familia Olivares. Si no fuera por ella, tal vez Lorena ni siquiera tendría una vida cómoda ahora.
Aunque seguía sin querer aceptar la situación, no le quedó de otra. Frunció el ceño, levantó la taza con la bebida caliente y tomó un pequeño trago.
Al mismo tiempo, le hizo una seña discreta al mayordomo.
El mayordomo, entendiendo al instante, se acercó y puso en las manos de Daniela un sobre con dinero y una caja pequeña.
—Señorita Daniela, esto es un regalo en efectivo de parte de la señora, y este brazalete es una joya de la familia, pasa de generación en generación.
Los ojos de Daniela brillaron y se apresuró a recibir ambos regalos.
—Gracias, mamá.
Lorena giró la cara, hablando en voz baja, con el enfado atascado en la garganta.
—Está bien, ya párate.
Dionisio apretó la mano de Daniela entre las suyas, susurrando con gratitud:
—Gracias, mamá.
Lorena no respondió. Solo le dijo al mayordomo:
—Que la cocina prepare el almuerzo.
Terminando de hablar, se levantó y se fue hacia el interior de la casa.
Al pasar junto a Daniela, hizo una breve pausa en seco, pero al final no soltó ningún comentario desagradable.
El ambiente en la sala se volvió menos tenso, como si por fin hubiera un poco de aire fresco.
Daniela giró la cabeza para mirar a Dionisio, con una chispa de alegría guardada en la mirada. Él le devolvió la sonrisa, tomó su mano y le dio un suave beso en la frente.
...
A la hora de la comida, Lorena no mostró mala cara, aunque tampoco habló mucho. Apenas tocó los cubiertos.

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