El ambiente lujoso y el servicio de primer nivel hacían del Club Agua Serena el refugio favorito de la élite en Valle Plateado.
Mila Quiroz estaba recostada en un sofá, disfrutando de buena comida y un masaje relajante, con una expresión de total desinterés.
En cambio, a su lado, Fabio parecía tener hormigas en el cuerpo; no podía quedarse quieto y era incapaz de disfrutar un solo segundo de aquella comodidad.
Hacía apenas un momento, el joven director había llamado y la señorita Mila se había limitado a decirle 'no tengo tiempo' antes de colgarle en la cara.
¡Dios santo, era Ariel Quiroz! ¡El hombre que realmente movía los hilos de la Corporación Quiroz!
A Fabio le latía el corazón a mil por hora. Si Ariel había llamado personalmente, la situación debía ser crítica, pero... esta mujer simplemente le cortó la llamada.
Bzzz...
El teléfono de Mila volvió a vibrar.
Sin necesidad de mirar, ambos sabían que era Ariel.
Ella levantó una mano para indicarle al masajista que se detuviera, tomó el celular con calma y contestó.
—¡Mila Quiroz, ¿te volviste loca?! —El rugido furioso de Ariel casi rompió el altavoz.
Mila frunció el ceño con asco, alejó el teléfono de su oído y respondió con voz glacial.
—Ariel, cuando aprendas a hablar con educación, me vuelves a llamar.
Y sin esperar respuesta, le cortó la llamada de nuevo.
Fabio abrió los ojos como platos. ¡Esta mujer no tenía límites! ¡Era la segunda vez que le colgaba al jefe de la corporación!
—Señorita Mila... —Fabio no pudo evitar inclinarse hacia ella, usando un tono adulador—. Si el joven director sigue llamando, seguro que la situación está que arde. ¿No cree... que debería devolverle la llamada?
—¿Cuál es la prisa? —Mila soltó una risa burlona y se recostó de nuevo, indicándole al masajista que continuara—. Ya dije que haré que me ruegue de rodillas para darme el puesto de gerente de proyectos.
Fabio frunció el ceño, lleno de angustia.
—Pero, ¿y si...?
La puerta de la sala VIP se abrió de golpe y Ariel entró con el rostro desencajado por la rabia.
—¡Todos fuera! —ordenó a gritos, despidiendo al personal. Sus ojos se clavaron en Mila, que seguía recostada sin inmutarse. Su pecho subía y bajaba de furia.
—¡Joven director! —Fabio saltó del sofá como un resorte, muerto de miedo. Instintivamente, miró primero a Mila y no se movió de su lugar.
Ese pequeño acto de sumisión hacia ella no pasó desapercibido para Ariel. La ira casi lo consume. Le había ordenado a Fabio que le hiciera la vida imposible a Mila, ¡¿y este imbécil la trajo a disfrutar de un spa?!
¡Estoy muerto! ¡La mirada del director me va a asesinar! Pensó Fabio, pero mantuvo los pies firmes en el suelo, esperando la orden de Mila.
—Vaya, hermanito, ¿qué milagro te trae por aquí? —Mila se sentó lentamente, con una sonrisa juguetona en los labios—. Este es un lugar excelente, ¿quieres que te den un masaje?
—Mila Quiroz, ¿ya terminaste con tu jueguecito? —Ariel dio unos pasos rápidos, parándose frente a ella para intentar intimidarla desde arriba—. ¡Los de la corporación Páez y el Grupo Ignite te están esperando! ¡Ahora mismo vas a venir conmigo a firmar ese contrato!
Mila tomó una uva de un plato cercano, se la llevó a la boca con total parsimonia y, solo después de tragar, habló.
—Pero, Ariel... ¿No tenías planeado darle esos proyectos a Luna para que se llevara todo el crédito? Si voy yo ahora... todo el mérito será mío.

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