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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 52

Lucía estaba muerta de miedo, llorando a mares.

—¡Papá! ¡Perdóname! Yo no sabía... ¡No tenía idea de que Mila estaba respaldada por Don Nuno! ¡Fue Luna Quiroz! ¡Esa maldita me engañó diciendo que Don Nuno iba a comprometerse con ella! Por eso... por eso fui a molestar a Mila.

—¡¡Idiota!! —Roberto no pudo contener su furia. Avanzó unos pasos y le dio una patada a su hija—. ¡Todo es culpa tuya y de ese bueno para nada de Sebastián!

El dolor y la rabia casi le provocan un infarto.

¡El imperio de su familia estaba siendo destruido por un par de imbéciles!

—¡Lárgate! —señaló la puerta. Su pecho subía y bajaba violentamente, y su voz sonaba rota por la desesperación—. ¡No me importa cómo lo hagas, arrodíllate, suplica, humíllate! ¡Pero ve y consigue el perdón de Mila Quiroz! Si no lo logras, ¡no vuelvas a poner un pie en esta casa! ¡Para mí, no tengo una hija como tú!

Se desplomó de nuevo en el sofá. Su visión se oscurecía por momentos.

En ese instante, ¡sentía una envidia profunda por Gustavo Lira!

Valeria Lira también había sido utilizada por Luna como un peón para atacar a Mila.

Pero Gustavo Lira no perdió un segundo y ofreció un uno por ciento de sus acciones como disculpa.

En aquel momento, Roberto se había burlado en secreto de Gustavo, creyendo que había perdido la cabeza por rebajarse ante una mujer que había estado en prisión.

¡Ahora se daba cuenta de que el verdadero imbécil era él! Si hubiera sido igual de decisivo y hubiera mostrado la misma humildad... ¡al menos tendrían una oportunidad de respirar!

La codicia de Sebastián no habría sido suficiente para aniquilarlos. Perderían el proyecto, sí, pero con una disculpa sincera podrían haber sobrevivido.

Pero la furia de Nuno Páez por defender a Mila... ¡los había empujado directo al abismo!

En el palco VIP del Club Moonlight.

Nuno Páez y Julián Solís estaban sentados frente a frente. El ambiente era denso.

Julián miraba de reojo al hombre frente a él.

Desde que salieron de la mansión Quiroz, la presión en el aire alrededor de Nuno no había disminuido. *Los hombres casados... son incomprensibles.*

—Julián.

—¿Ah? ¿Qué pasa, Don Nuno? —Julián se tensó.

Nuno hizo girar el licor ámbar en su vaso. Su voz era profunda.

—Mila y yo firmamos los papeles. Es normal que un matrimonio legal viva en la misma casa, ¿verdad?

—Normal, completamente normal —asintió Julián rápidamente, aunque por dentro estaba en shock. *¡¿El Verdugo quiere vivir con ella?! ¡¿El mismo Nuno Páez que no dejaba que una mujer se le acercara?! ¡El mundo se volvió loco!*

Nuno notó la expresión de pánico de su amigo y frunció el ceño.

—No pienses estupideces. Mila tiene demasiados secretos a su alrededor. Estar cerca... —fijó su mirada en el vaso—, me ayudará a verla con más claridad.

—Sí, claro —respondió Julián por compromiso, dándole un trago a su bebida.

Nuno continuó, casi hablando consigo mismo, organizando sus pensamientos.

—Pasó cuatro años en la cárcel y salió completamente transformada. Cuatro años encerrada... ¿Qué diablos vivió ahí adentro? ¿Y cómo es posible que sepa sobre Héctor Páez...?

Al escuchar ese nombre, Julián borró su sonrisa burlona.

—Nuno, ¿estás seguro de que tu tío Héctor... está involucrado? Él siempre tiene esa actitud de buen samaritano, no parece el tipo de...

Los ojos de Nuno se volvieron helados.

Si Mila no hubiera roto esa ilusión, él también habría seguido engañado por la fachada de su tío.

Ese viejo zorro simulaba no tener ambiciones, pero a escondidas mantenía contacto frecuente con varios de los mayores accionistas del grupo.

Antes no le había prestado atención, pero ahora que comenzó a investigar a fondo... todo estaba lleno de sombras y secretos.

Recuperó el teléfono y le escribió una respuesta.

Mansión Quiroz. Habitación principal.

Mila estaba apoyada junto al ventanal. Su bata de seda blanca delineaba su figura envidiable.

Abrió la respuesta de Nuno:

[¿Cuánto más sabes? Dime, tú pon el precio.]

Una sonrisa se dibujó en sus labios. Sus dedos teclearon rápidamente:

[Don Nuno, yo también estoy investigando. Hablaremos cuando tenga nuevas pistas.]

Presionó enviar y, sin esperar respuesta, se dejó caer sobre la suave cama.

Esa noche había sido muy fructífera, suficiente para dormir en paz.

A la mañana siguiente. En el comedor.

Mila bajó las escaleras y vio a Esteban, Blanca y Luna ya sentados en la mesa.

Ariel no estaba a la vista.

—Mila, ya despertaste. Ven, siéntate a desayunar —la saludó Blanca, esforzándose por mostrar una sonrisa cálida y complaciente que nunca antes había tenido.

Luna también mantenía su máscara de niña buena.

—Hermana, mamá le pidió a la cocinera que preparara lo que te gustaba.

La mesa estaba llena de platillos deliciosos.

—Ah —Mila arrastró una silla y se sentó, paseando una mirada crítica y burlona sobre aquella escena tan familiar—. Con este circo tan temprano, ¿qué nuevo truco intentan? No me digan que... le pusieron algo a la comida.

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