Sala de juntas en el último piso del corporativo Páez.
El ambiente estaba congelado.
Al fondo de la larga mesa, Nuno tamborileaba los dedos sobre la caoba, con la mirada oscura y profunda como un abismo.
Los ejecutivos mantenían la espalda rígida. Intentaban que sus voces no temblaran al presentar los informes, pero el sudor frío en sus frentes delataba su pánico. Nadie se atrevía a desafiar la mano de hierro de 'El Verdugo'.
*Bzzzz. Bzzzz.*
¡Una vibración estridente rasgó el silencio sepulcral!
Todos dieron un respingo. Las miradas aterrorizadas barrieron la sala, buscando al idiota que había tenido la osadía de interrumpir a Don Nuno.
Finalmente, todos los ojos se clavaron en el hombre que presidía la mesa. Su rostro no mostraba la más mínima emoción.
Nuno bajó la vista. El nombre que parpadeaba en la pantalla era casi cegador: Mila Quiroz.
El recuerdo de la noche anterior lo asaltó de golpe. Aquel beso repentino en el palco VIP, con su inconfundible sabor a sangre y metal. La efímera y extraña suavidad de sus labios se sentía increíblemente nítida en ese instante.
Sus dedos se movieron más rápido que su razón y contestó la llamada.
—Don Nuno —la voz de la mujer era fría, autoritaria y afilada como una navaja—. Te envié la dirección. Tienes diez minutos. No pienso esperar.
*Bip, bip.*
La llamada se cortó de golpe.
El silencio en la sala de juntas se volvió asfixiante.
A todos les zumbaban los oídos. ¡¿Esa mujer se había atrevido a colgarle a Don Nuno de esa manera?! ¿Era una suicida o... de verdad tenía algún as bajo la manga?
Un aura gélida y amenazante comenzó a emanar desde la cabecera de la mesa. Casi se podía oler la sangre en el aire.
—Se acabó la reunión —soltó Nuno. Dos palabras frías que helaron la sangre de los presentes.
Se puso de pie de inmediato. Sus largos dedos abotonaron su saco con agilidad y, bajo la mirada atónita y paralizada de todos, salió a grandes zancadas de la sala.
Su silueta imponente desapareció, dejando solo la estela de su abrumadora presencia.
—¿Don Nuno... acaba de cancelar la reunión trimestral por una llamada? —murmuró un ejecutivo, con la voz temblorosa.
—¡Le colgó! ¡Y con tono de orden! ¡¿Se cree la esposa del mismísimo diablo?!
—Toda alianza necesita una muestra de buena fe, y el acta de matrimonio es nuestro boleto de entrada. Don Nuno... —lo miró a los ojos, enfrentando su furia contenida. Levantó un poco la barbilla, con chispas de fuego en su sonrisa—. O acaso... ¿tienes miedo? ¿Miedo de que me enrede en tu vida y no puedas deshacerte de mí?
—¿Tú? ¿Una frágil damisela? —Nuno soltó una risa seca y dio un paso hacia ella, acortando la distancia hasta dejarla sin aire.
Tenía muy presente la imagen de la noche anterior, cuando ella pateó a 'El Tigre' y miró a todos con superioridad absoluta.
Reprimió el caos en su mente y la miró con ojos afilados como cuchillos.
—Mila, estás poniendo a prueba mis límites. Tal vez no puedas pagar el precio.
—No me atrevería —Mila no mostró ni un rastro de emoción, aunque su sonrisa tenía un toque calculador. Levantó la mano y estampó un documento contra el pecho del hombre—. Firma esto, y tus límites serán mi zona prohibida.
Era un acuerdo prenupcial con la tinta apenas seca.
Nuno repasó rápidamente las cláusulas: bienes, derechos, obligaciones... todo separado con una frialdad clínica, como un simple contrato de negocios.
—Solo es una transacción en la que ambos ganamos —Mila dio medio paso atrás, adoptando una postura relajada y burlona—. Aquí tienes mi muestra de buena fe. Don Nuno...
Lo miró fijamente, con un brillo de provocación en sus ojos.
—¿Dónde está tu determinación?

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