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La Rosa Negra: El Regreso de la Hija Traicionada romance Capítulo 29

¿Qué?

Tres pares de ojos se clavaron en el rostro de Ariel, repletos de confusión y asombro.

—¡Ariel! ¡¿Qué quieres decir?! —Blanca se desesperó—. ¡¿Vas a dejar que esa malagradecida se salga con la suya?! ¡Luna ha sufrido tanto...!

—¡No hablo de dejarla en paz! —Ariel suspiró, frustrado—. Digo que, por ahora... ¡tenemos que aguantar!

Tragó saliva antes de continuar.

—Esta noche... me reuní con la presidenta Moreno para hablar de un proyecto. Y todo... —hizo una pausa, recordando la humillante escena en el club nocturno, y los músculos de su rostro se contrajeron— fue arruinado por Mila.

Omitió todos los detalles vergonzosos y fue directo al grano.

—Y eso no es todo... Don Nuno apareció. Él mismo la llamó su prometida frente a todos. Creo que la actitud que tiene con ella... es diferente.

—¡¿Qué?! —Blanca chilló, con voz aguda—. ¡Don Nuno repudia a las mujeres, es imposible!

Ariel también lo consideraba un chiste de mal gusto. Trató de analizarlo fríamente.

—Don Nuno estaba ahí cuando estaba la presidenta Moreno. ¡Tal vez todo lo hizo por ella! ¡Mila debió usar algún truco sucio para colgarse de la presidenta Moreno! Don Nuno simplemente le siguió el juego a esa cualquiera para no quedar mal frente a la presidenta del Grupo Ignite.

Mientras más lo pensaba, más sentido tenía.

¿Por qué el poderoso Nuno Páez se fijaría en esa escoria?

—¡Ya lo entiendo! —Los ojos de Luna se iluminaron con emoción—. ¡Tiene todo el sentido! ¡Por eso eligió a mi hermana! ¡El compromiso es una fachada! Finge casarse con Mila para calmar a su familia, pero a escondidas está tras la presidenta Moreno...

Estaba eufórica por haber descubierto la verdad.

—El Grupo Ignite de Katia Moreno es un imperio en crecimiento que ni siquiera Don Nuno puede ignorar.

Esteban y Blanca también sintieron un alivio enorme.

Esa explicación cuadraba perfectamente con la contradicción de Nuno de tener una prometida, y justificaba la reciente insolencia de Mila.

En cuanto a cómo logró acercarse a Katia, los ojos de Ariel brillaron con desprecio.

—Pasó cuatro años en prisión... seguramente aprendió todos los trucos sucios del manual. ¿Qué tiene de raro que se haya arrastrado ante alguien con poder?

—Como sea —Ariel ocultó su miedo y nerviosismo, apretando los dientes mientras ordenaba a su familia—, tenemos que aguantarnos y mantenerla tranquila. Solo hay que esperar a que el abuelo cambie el nombre del compromiso a favor de Luna...

Sus ojos brillaron con malicia.

—Cuando pierda la protección de Don Nuno, y la presidenta Moreno vea su verdadera cara... entonces podremos aplastarla como a una cucaracha, y nadie dirá nada.

Los tres asintieron a la vez, cerrando el pacto de aguantar la situación por el momento.

—Entonces... ¿deberíamos avisarles a mis otros hermanos? —murmuró Luna.

Sus otros dos hermanos mayores eran figuras de peso: uno era un famoso actor de cine y el otro estudiaba en una prestigiosa universidad en Norteamérica. Si ellos intervenían, el destino de Mila sería mucho peor.

—Aún no —respondió Ariel, frotándose la mandíbula adolorida—. Están muy ocupados, mejor no molestarlos.

Mila metió a Katia, completamente ebria, en un taxi, y la llevó a la cama de su lujoso apartamento en el centro de la ciudad.

Mila, sin inmutarse, se levantó y fue a la cocina. Preparó rápidamente un té curativo para la resaca y lo dejó en la mesa de noche de Katia. Con una letra elegante, escribió una nota que decía: Tómatelo cuando despiertes, y abandonó el lujoso apartamento en silencio.

De vuelta en el Club Moonlight.

Don Carlos apenas recuperaba el aliento. Ordenaba a sus hombres que recogieran el desastre, mientras seguía pensando: ¡Qué suerte tuve de salir vivo hoy!.

¡¡BAM!!

¡Las puertas del club fueron pateadas con una violencia descomunal!

Una docena de hombres vestidos de negro, que desprendían un aura asesina mucho peor que la de La Hermandad del Lobo, irrumpieron en el lugar, rodeando a todos los presentes y apuntando sus armas contra ellos.

—¡Me lleva la...! —Don Carlos, que acababa de librarse de la muerte a manos de Nuno, perdió la cabeza de inmediato. ¡Su ira fue más fuerte que su razón!

Sacó el arma de su cinturón, con el rostro deformado por la rabia.

—¡Malditos infelices! ¡¿Creen que Carlos Mendoza es de papel?! ¡¿Creen que no tengo colmillos?!

Sin embargo, una voz conocida que le caló hasta los huesos, cargada de un frío mortal, resonó desde detrás de los hombres de negro:

—Carlos Mendoza, cuánto tiempo sin vernos. Te has vuelto... muy arrogante, ¿no?

¡La sangre de Don Carlos se congeló!

Giró el cuello lentamente, como un robot oxidado, y miró hacia la puerta.

Una silueta fría y amenazante avanzaba a contraluz.

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