—¿Vieron ese video?
—Me morí de la risa, ¿no decían que era bien tranquila? ¡Pero cómo suelta groserías la chava!
—Y eso que era la fiesta de bienvenida familiar, ahora quedó en ridículo.
—¿Ayer vieron la cara de sus papás? Se pusieron bien serios.
—Por la forma en que su familia la trata, ni parece que la consientan tanto como ella dice.
—¿A poco todo es pura pantalla?
—¡No manches! ¿Así de raro estuvo?
—Ya, ya, no sigan...
—¿Por qué no? —La pregunta quedó en el aire cuando vieron a Jacinta Montemayor parada en la puerta, apretando con fuerza la correa de su mochila.
Los dos que estaban platicando se tocaron la nariz, incómodos, y se apartaron. Los demás agacharon la cabeza, fingiendo sacar un libro.
En ese incómodo silencio, Vanesa entró al salón. El ambiente estaba cargado de tensión rara, y Vanesa ignoró por completo a Jacinta Montemayor, sin intención de meterse.
—¿Ya estás contenta, Vanesa?
La voz de Jacinta Montemayor retumbó a sus espaldas, pero a Vanesa hasta le dio gracia. Se giró y la miró directo a los ojos.
—¿Tú hiciste algo para que yo me sienta satisfecha?
—Arruinaste la fiesta de bienvenida, seguro estás feliz, ¿no?
Vanesa no pudo evitarlo y se rio, aunque la risa no llegó a sus ojos.
—¿O sea que no te animas a reclamarle al que te dejó en vergüenza y prefieres echarme la culpa a mí? A ver, Jacinta Montemayor, tienes una lógica bien extraña, ¿quieres que te recomiende un psicólogo?
—Vane, ¿no será que el segundo hijo de la familia Montemayor está tomando represalias por ti?
—¿Por mí? ¿Tú crees que arruinarían la fiesta de la familia Montemayor solo por una extraña como yo?
El que preguntó se dio cuenta de que se pasó y se quedó callado, regresando a su asiento.
—No es lo que quisimos decir, Vane —intentó aclarar Yago, algo apenado.
—Tranquilos, esto no es algo que me quite el sueño.
Vanesa no quiso decir más. Sabía que Jacinta Montemayor era víctima en parte, pero sus reacciones dejaban mucho que desear. Si no lograba demostrarle a Matías su valor rápido, pronto iba a terminar siendo un estorbo para su propia familia.
El tema se agotó y todos cambiaron de conversación. Los chismes duran poco; lo de Jacinta Montemayor solo fue un condimento más en sus días, y después de un par de comentarios, ya nadie se interesó.
En medio de todo esto, nadie se dio cuenta de que una persona salió del salón en silencio...

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