—La neta, así es la gente ahora, oyen un rumor y ya lo dan por hecho —Natalia se encogió de hombros, pero al final se calló.
—Nati es un poco directa, pero no le falta razón. Mejor aclarar esto antes de que la cosa se ponga peor, ¿no creen?
—Si vamos a aclarar el chisme, hay que esperar a que esté en su punto más alto. Así tendrá más efecto —Vanesa sonrió de lado, tranquila, como si todo estuviera bajo control.
Las tres se miraron confundidas, sin entender qué pretendía Vanesa con eso.
—Ya, vámonos a clase. Cuando salgamos, seguro que todo se habrá acomodado.
Vanesa tomó sus libros y el resto también empezó a guardar sus cosas con prisa.
Al salir, notaron las miradas de los demás. Había quienes los señalaban, cuchicheando a sus espaldas.
—Oye, Natalia, sí tienes razón, ¿eh? Mira esos, ni saben nada y ya andan de chismosos —Cintia lo dijo fuerte, para que se notara que iba dirigido a quienes los miraban. Algunos, al sentirse aludidos, apenas se tocaron la nariz y apuraron el paso para irse.
Vanesa los miraba de reojo, con una sonrisa tranquila en el rostro, sin que los rumores la afectaran en lo más mínimo.
De hecho, hasta sentía que debía agradecerle a Jacinta por lo sucedido.
Al fin y al cabo, ya era mayor de edad, tenía todo bajo control y se había deslindado de la familia Montemayor. Seguir ocultando su identidad no tenía sentido, y justo le faltaba una oportunidad para hacerlo público.
Con este escándalo, Jacinta le había servido la oportunidad en bandeja. Hasta sentía que le debía una.
Durante la clase, Vanesa se mantuvo atenta, tomando apuntes, participando cuando era necesario, totalmente ajena al revuelo. En cambio, Cintia y las otras no dejaban de revisar las tendencias y comentarios en sus celulares. Si veían algo ofensivo, lo reportaban o respondían metiéndose en la discusión.
No por nada eran expertas en los foros de fans, sabían cómo contestar sin recurrir a groserías.
[Cada vez estamos peor, ahora las chicas solo piensan en el dinero.]
—Esta chava tiene los nervios de acero —susurró Beatriz, impresionada y un poco envidiosa. Ella, en cambio, se quedaba dándole vueltas a todo durante días.
—Ser la consentida tampoco es fácil, parece que ya se acostumbró a esto —añadió Natalia, moviendo la cabeza y con voz de admiración.
—¡Oigan, vean esto! —Cintia de pronto se animó, dándoles un golpecito, aunque se contuvo por respeto al maestro.
—¿Qué pasó? —las otras dos acercaron la cabeza.
Era un video publicado por la escuela, acompañado del siguiente mensaje:
[La escuela jamás ha protegido a quienes cometen abuso. La estudiante mencionada solicitó su baja y cambio de escuela por su cuenta, por eso no se hizo público el motivo. Ahora que una de nuestras mejores estudiantes ha sido señalada injustamente, como director no puedo quedarme callado. Por eso, hoy revelamos la verdad.]
El video mostraba claramente el momento en que Jacinta le lanzaba un balón de baloncesto a Vanesa.

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