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La Princesa romance Capítulo 281

Justo como si lo hubieran planeado, apenas terminaron de comer, el timbre sonó en la casa.

—Vane, ve a abrir la puerta —dijo Irma.

Vanesa respondió enseguida, sin sospechar nada, y se levantó para abrir.

Era David.

—Vane.

—¿Ya terminaste? ¿Comiste algo? Mira, Jazmín hizo pastel, ven, prueba un pedazo primero —Vanesa le hizo un espacio para que pudiera entrar.

—¿Ya terminaron de comer? —David se quedó en la puerta, sin entrar, y le devolvió la pregunta.

Vanesa asintió, y por un momento se quedó medio ida. David no pudo evitarlo y, entre risas, le apretó la mejilla.

—Vamos.

—¿A dónde? —preguntó Vanesa, aunque mientras hablaba ya se estaba cambiando los zapatos, obedeciendo casi por reflejo, sin entender bien lo que pasaba.

—Tíos, me la llevo un rato, ¿sí? —David levantó la voz, mirando hacia el interior.

—Está bien, vayan —contestó Irma, que en algún momento había aparecido detrás de Vanesa junto a Aurelio.

Irma agitó la mano, sonriente. Aurelio no sonrió, pero tampoco se opuso.

Así, David se llevó a Vanesa sin contratiempos.

...

—Mamá, ¿así nomás dejaste que David se llevara a Vane? —preguntó Alfonso, mientras él y sus dos hermanos se acercaban.

—¿Y qué querían que hiciera? Esos dos se conocen desde hace años, han pasado más tiempo juntos que con nosotros. Si alguien se entiende, es ellos.

—¿Y no te da pendiente que pase algo?

—Ellos son mucho más responsables que ustedes tres a su edad —respondió Irma, con tono relajado—. Cada cosa a su tiempo. Yo sé que estos dos saben lo que hacen.

—Además, ya ni siquiera son unos niños. Ya son mayores de edad, y la verdad, David es un muchacho que conocemos. Mejor que termine con él a que traiga a alguien desconocido, ¿no? Dime, ¿has visto a alguno más guapo que él por aquí?

Mientras tanto, David llevó a Vanesa al último piso del hotel más elegante del pueblo.

El elevador hizo un —ding— y, justo al abrirse, Sabrina y Estrella salieron disparadas, lanzando serpentinas por todo lado, cubriendo a Vanesa de colores.

—¡Feliz cumpleaños, Vane! —gritaron al unísono.

Vanesa sonrió, adivinando enseguida lo que estaba pasando.

—¿Así que por eso corrían tanto después del examen? ¿Era para preparar esto? —preguntó, mirando alrededor el salón decorado. Además de algunos adornos del hotel, casi todo lo demás se notaba hecho a mano por sus amigos.

—¡Y aquí estamos todos, Vane! —la voz de Yago retumbó en el lugar antes de que, de todos los rincones, saliera el resto de la clase.

—¡Feliz cumpleaños! —gritaron todos, mientras el aire se llenaba de serpentinas y risas. Vanesa levantó la vista, sonriendo, y buscó a David, que justo en ese momento la miraba también.

David le tomó la mano y, entre los aplausos y las bromas del grupo, la llevó a sentarse.

—A partir de hoy, cada quien va a seguir su propio camino. Algunos porque así lo quieren, otros porque la familia ya decidió por ellos. Pero lo importante es que nos vaya bien y que brillemos en lo que más nos gusta —el discurso de Yago animó a todos, y algunos, tras un par de tragos, se soltaron a celebrar con más ganas.

—Lástima que Vane no puede tomar, si no, los tres nos echábamos un brindis —Estrella suspiró, medio decepcionada. Pero igual, la promesa seguía en pie: cuando Vanesa cumpliera la mayoría de edad, brindarían juntas, aunque fuera con refresco.

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